lunes, 17 de agosto de 2015

Sol Barrera presenta en "Cada quien su boca" de Palabras Urgentes (17 de Agosto 2015)



SOL BARRERA

I
NO DES RODEOS, DI MI NOMBRE, PRONUNCIA ESA PALABRA QUE ESTRUJA TU CORAZÓN Y PONE A TEMBLAR TU FUTURO...SI, ANDO MI CAMINO CÓSMICO SOBRE GOTAS QUE CAEN DE TUS OJOS CUANDO DICES QUE ME ODIAS...
Y QUE ME SIGA QUIEN LOS TENGA BIEN PUESTOS, PARA SOÑAR Y PARA VIVIR.
II.
TE VÍ DESDE LA BELLEZA DE ESE CUERPO TRANSPARENTE, POSÉ EN TUS MANOS  MI REGALO DE PAZ, COBIJÉ POR LOS AMANECERES TUS OJOS...ELEVÉ TUS PIES Y ME RECORRISTE POR DENTRO.
ROSASTE EL ESPACIO CUANDO TE BESÉ, INTERNASTE TU CABALGAR SOBRE MI SER MULTIDIMENSIONAL, LANCÉ TODA DUDA A LA HOGUERA QUE ESPERABA POR TI.
CONJUROS AL VACÍO SE TORNARON PARA DAR PASO A LA ESPERANZA DE AMAR...ACASO LA FANTASÍA CONFUNDIDA TOMÓ SU LUGAR, PUES DESDE EL COSMOS, SOLTASTE MI MANO Y SALISTE DE MI CORAZÓN.
III.
CORTAR MIS ALAS NO ME HARÁ MORTAL, ES UN ACTO TAN SOCORRIDO POR LOS DE TU ESPECIE, AUNQUE APOSTÉ POR TU EVOLUCIÓN...EN FIN, PRONTO SANARÁ ESTO QUE AHORA SE VE TAN MAL Y SE SIENTE TAN EXTRAÑO...
IV.
ME ACURRUCO, DUERMO EN LAS CAVERNAS HUMEDECIDAS POR LAS GOTAS QUE CAEN DESDE EL SOL, DISUELVO TUS ANSIAS ENTRE MIS PIES Y DUERMO TRANQUILA, OTRA ERA SE DESCUBRE AFUERA, EL COSMOS ACARICIA SÓLO A LOS DIOSES Y CON ELLO NOS LIBERA...SOMOS ETERNOS ENTRE LOS MORTALES.
V.
LANZADO EL RAYO, EL CIELO CORRIÓ EL VELO, LOS POLVOS DE PLANETAS LEJANOS VIENEN A MI ENCUENTRO, DAN A MIS SOLES RAZONES PARA COLOREAR LOS CAMPOS AZULES.
VOY ENVUELTA EN GASAS HILVANADAS CON HILOS ANCESTRALES DE VIDAS CÓSMICAS INIMAGINABLES...
MIRO A TRAVÉS DE MÍ, EXISTEN MÁS COMO NOSOTROS, NUNCA SE FUERON, CAMINARON JUNTO A MI, SIEMPRE, ESPERANDO SU MOMENTO...
TODO TOMA SU LUGAR AHORA, EL UMBRAL ESTÁ ABIERTO Y EL UNIVERSO SE MULTIPLICA, MEDITAR, PACIENCIA, AMAR.

SEGUNDO BLOQUE
VI.
CAMINÉ DE PRISA PARA ESCRIBIR Y ESPERARTE, 
LEÍ CON CALMA EN LOS TORBELLINOS DE TU VOZ,
IMAGINÉ TUS OJOS CIENTOS DE VECES CAYENDO SOBRE MÍ, 
ME DISOLVÍ ENTRE TUS PIERNAS Y RENACÍ DE ENTRE TUS MANOS EN ESA FUENTE DE SOLES PARIDOS EN TU BOSQUE.
HE SIDO PLENA...LOS POLVOS DE LAS ESTELAS Y LA BENDICIÓN CÓSMICA HAN SIDO MÍOS, MI LUZ NO SE EXTINGUE, EN LA MULTIDIMENSIONALIDAD DEL UNIVERSO, SOMOS ETERNOS.
VII.
ATENTO POR FAVOR, QUE NO ME VEAS NO SIGNIFICA QUE YA NO ESTÉ.
QUE NO ME ESCUCHES NO SIGNIFICA QUE MI VOZ NO HURGUE ENTRE TU NOMBRE.
QUE NO TE TOQUE NO SIGNIFICA ARRANCAR TUS MANOS DE MI PIEL.
ATENTO...QUE DIJERAS ADIÓS, NO SIGNIFICA QUE TE HAYAS IDO, NI QUE EN TU BOSQUE DE NOCHES ENGARZADAS NO VOLVERÉ A CORRER.
TEN MUCHO CUIDADO PORQUE MIENTRAS NUESTROS CUERPOS Y UMBRALES SE COMPLEMENTEN, PODRÁS DECIR ADIÓS, PERO JAMÁS IRTE...
VIII.
SOLEDAD...MI PROPIO NOMBRE...MI COMPANÍA, CON NADA SE PAGAN MIS SONRISAS Y MIS LAMENTOS, CADA SILENCIO MÍO ES EL ANUNCIO DE TU LLEGADA...
IX.
HE REGRESADO DE LA HOGUERA, NO COMERAN MIS HUESOS, NO ESTA NOCHE.
SUSURRO AL LATIDO DEL CIELO UN SIN FIN DE CONJUROS Y ALARIDOS, PRECISO CABALGAR POR TUS SIENES Y COLGAR EN TU LENGUA MIS SABORES.
ESTA NOCHE, ESTE PARADÓJICO INSTANTE...NO SOY MÁS TUYA, LLEGUÉ A MI CENTRO, ESTOY ENTRE LOS MÍOS
X.
PEQUEÑA DE OJOS CON HISTORIAS, ALGUNAS DE LUZ Y OTRAS QUE PREFIERES OCULTAR...
PEQUEÑA DE MANOS DE VIENTO QUE ACARIAN HOY CAMINOS DE TU MISMA SANGRE...
AMIGA, QUE LA VIDA POSA SOBRE MI SENDERO PARA APRENDER Y CONTINUAR...
BUENA NOCHE QUERIDA MARU
CON CARIÑO PARA TI AMIGA LINDA...




TERCER BLOQUE

XI.
Principio del formulario

Y ESTAS ACUOSAS SE CONFUNDEN CON LA LLUVIA, ABRAZAN EL ABISMO DISFRAZADO DE TU AUSENCIA Y ME RECLAMAN TODOS LOS SILENCIOS Y TODAS MIS PARTIDAS...

XII.
SIGUE TU CAMINO, SU MANO SE DESLIZÓ HACE DÍAS POR LA FRONTERA DE TUS OJOS, ACUOSAS SALINAS LE IMPULSARON A NAVEGAR Y TUS CABELLOS COMO CIRIOS CON LA LUNA LLENA ILUMINARON ESA NOCHE.
LOS BOSQUES CESARON LOS SUSURROS Y GUARDARON TU ALARIDO, LOS ÁRBOLES LLORARON JUNTO A LOS LAGOS DE SOLES, TODOS LOS PORTALES ANUNCIABAN TU REGRESO AL REGAZO DE LOS DIOSES...
SIGUE TU CAMINO, QUIZÁ CRONOS TE DÉ OTRO TIEMPO...QUIZÁ.
XIII.
ME DICES LOCA Y CREES QUE ME INSULTAS...¿LOCA? ¿POR QUÉ?
PORQUE ME DESNUDO FRENTE A TODOS Y LES TOMO POR LA ESPALDA CON MIS LETRAS Y MIS SENTIMIENTOS

PORQUE ME MIRAN POR LA RENDIJA DE LAS PÁGINAS QUE GUARDAN BAJO LAS SÁBANAS

PORQUE CORRO SOBRE TINTA POR LAS NOCHES OCULTÁNDOME ENTRE TUS PIERNAS 

PORQUE NO ME AVERGÜENZO DE DECIR TE QUIERO Y GRITAR EL DESTIERRO DE LABIOS QUE NO CONOZCO Y QUE ME BESAN EN LA DISTANCIA AL ESCUCHARME,

PORQUE TENGO CIENTOS DE HOJAS CON TU NOMBRE DESDE ANTES DE MIRARME EN TUS OJOS

PORQUE EL HECHO DE QUE TÚ NO SEAS MULTIDIMENSIONAL NO SIGNIFICA QUE YO RENUNCIE A LO QUE SOY EN TODAS LAS ESFERAS Y EN TODOS LOS TIEMPOS...
SI, NO SÓLO ESTOY LOCA, SOY LA LOCURA MISMA...Y TAMBIEN LA OTRA.


®Sol Barrera, "Indulgencias del Espejo". Ed. Trajín.




viernes, 14 de agosto de 2015

Lunes 17 de Agosto en Palabras Urgentes: Sol Barrera

presenta este 
Lunes 17 de Agosto de 2015

en vivo a las 17:30 horas por


estará con nosotros a la poeta

Sol Barrera




presentando su libro  Indulgencias del Espejo
bajo el sello de Trajín Literario




CONJUROS AL VACÍO SE TORNARON PARA DAR PASO A LA ESPERANZA DE AMAR...ACASO LA FANTASÍA CONFUNDIDA TOMÓ SU LUGAR, PUES DESDE EL COSMOS, SOLTASTE MI MANO Y SALISTE DE MI CORAZÓN.


Además de nuestras secciones:

Cada quien su boca
Notas Imprescindibles
Escritorpedia

Conduce: Andrés Castuera-MIcher
Palabras Urgentes
Las escritoras y escritores tienen la palabra.

lunes, 10 de agosto de 2015

Arturo Texcahua presenta en "Cada quien su boca" de Palabras Urgentes (10 Agosto 2015).


ARTURO TEXCAHUA


En el refrigerador

Cuando ella dijo se acabó la estranguló hasta matarla. Descansó del esfuerzo acomodándose a su lado. Las manos aún le temblaban. Ahora estaba muerta, lo había comprobado: no respiraba y su corazón estaba inmóvil. Vio su cara relajada y lloró diciéndose estúpido.
Unas horas antes habían tenido sexo y lo habían disfrutado. Si no lo hubiera provocado... Después de jugar con él había querido tirarlo en el retrete como un papel usado. Perra, seguía viendo al idiota del marido que decía haber abandonado. Solo mentiras, maldita traidora. Se lo tenía bien merecido.
Siguió llorando un rato. Después pensó en el cuerpo y en la cárcel. La ofuscación dio paso al terrible suceso. La había matado y su futuro estaba en peligro. ¿Cómo escaparía de esta? Estaba en el departamento de ella. Era viernes, nadie la buscaría antes del lunes, y aunque la buscaran pensarían que había salido de fin de semana. Si limpiara y acomodara todo para que no quedara rastro de su presencia. Si escondiera bien el cadáver la declararían desaparecida. Con que él no dijera nada. Buscó algo en que llevárselo. No había nada apropiado que lo ocultara. Sacarla envuelta en una cobija era muy obvio. Además, cómo se la llevaría. Si su tío le prestara su camioneta y un contenedor de plástico la tiraría sin testigos en alguna barranca o la sepultaría donde no la encontraran. Pero eso sería hasta el domingo por la noche. Mientras diría a todos que estaba bien cuando la dejó y simularía un intercambio de mensajes posteriores entre sus teléfonos móviles. Como prueba de su inocencia mostraría los mensajes salvadores. Una coartada perfecta. Era un buen plan, se convenció, pero tendría que esperar al domingo. ¿Y mientras? Con este calor el cadáver podría descomponerse y producir mal olor. Si lo pudiera mantener frío. ¿Por qué no? Sacó lo poco que había en el refrigerador, quitó los entrepaños y metió el pequeño cuerpo como pudo. Quedó como un feto en su placenta, con las manos cerca de su cara como buscando una oración imposible y con la única ropa acostumbrada para dormir: unas pequeñas calcetas de rayas de colores. En su cuerpo había huellas evidentes de la intensidad del amor, eran marcas del deseo, señales de la lujuria posesiva que los había hecho cómplices, evidencias del sexo obsesivo y gustoso, de los encuentros anodinos con la carne, de las citas dominadas por el antojo que inspiran el temor y la emoción de ser descubiertos en un acto prohibido, en medio del atrevimiento, inmersos en la aventura.
Apagó todas las luces, cerró bien la puerta y salió de la casa aliviado por sus magníficos planes. El muy ingenuo no imaginó en ese momento que unas horas más tarde el esposo regresaría sorpresivamente, hallaría el cuerpo, vendría la policía y más de una prueba lo inculparían sin lugar a dudas.



La Liebre
Podría ser flojo y engreído, pero La Liebre tenía muy en alto el concepto del honor. Lo había aprendido de sus padres, y ellos de los suyos, y aquellos de los propios en una genealogía cuyo origen se perdía en el tiempo. El honor era una tradición familiar muy arraigada. Había notorias pruebas en el vestíbulo de su casa: relucientes fotografías de premiaciones de abuelos, tíos, primos y hermanos adornaban las paredes. Trofeos y diplomas comprobaban triunfos y primeros lugares en pruebas de una misma categoría: las carreras; carreras de velocidad, de 100, 200 o 400 metros; carreras de resistencia, de cinco, veinte o 50 kilómetros. El honor se había consolidado gracias a la fuerza y potencia de las piernas de una familia hecha para correr. No fue raro, por ello, que al entrar a su casa fuera otro; su derrota lo había transformado en un ser sensato pero inseguro. Hubiera querido pasar desapercibido, pero al cruzar la sala, sus padres lo sorprendieron con miradas acusadoras y una silenciosa reprobación que lo dijo todo. Por la tarde, su madre lo visitó en su recámara y explicó que su padre estaba tan avergonzado por la derrota que había decidido no salir a la calle por un buen tiempo. Lo veía mal, el disgusto lo había enfermado. El honor de la familia estaba hecho pedazos y de qué forma, una derrota tan humillante y estúpida. Más tarde su hermano menor fue más preciso. Deberías matarte, no sé con qué cara has caminado por las calles. Pero de inmediato se desdijo, asustado por sus propias palabras. Vete de aquí, aléjate de la familia.
La Liebre abandonó su hogar por la madrugada. No se despidió de nadie. Fue al puerto más próximo y se embarcó hacia un lugar muy lejano, donde nadie lo reconociera y pudiera adquirir otro nombre. No volvió a correr; alguna limitación sicológica no se lo permitía. Pero compartió su experiencia preparando a otros y a los hijos que tuvo de un matrimonio reparador.
Nunca volvió al escenario de la afrenta.



Caperucita
Todos sabían en el pueblo que Caperucita odiaba a su abuela. La obligación de llevarle alimentos ocasionaba discusiones continuas entre madre e hija. También se sabía que las amistades de la adolescente no eran muy recomendables. El Lobo, como le decían al más malandrín de los habitantes del bosque, no hacía otra cosa que depredar a quien podía. Su relación con Caperucita inspiraba rumores y habladurías. Sin embargo, El Lobo fue otra de las víctimas de la inteligente jovencita. Lo convenció de que matara a la abuela y luego lo culpó de intentar hacer lo mismo con ella. El pobre Lobo fue objeto de los usos y costumbres del lugar, por tanto fue linchado y quemado vivo ante la indiferencia de la policía. La versión que todos conocemos es una ocurrencia del esposo de Caperucita, un escritor mediocre con poca imaginación, ansioso de fama y con muy mala suerte, porque hasta hoy nadie ha sabido su nombre.


Momentos
I. Tras despertar por primera vez juntos, se multiplicaron los acontecimientos significativos y gratos con ese deleite del principio, y se fueron enrareciendo con la marca insípida de la rutina: vino el primer aniversario, el primer hijo, la primera discusión grave, el primer desacuerdo, la primera amenaza de divorcio.
II. Nos amamos, nuestros corazones están unidos por la felicidad en medio de una maravillosa situación que nos ha permitido crecer con pleno respeto del otro. Cada uno lidia con su trabajo, convive con sus amigos, visita a su familia, se dedica a sus proyectos, utiliza su teléfono inteligente y tiene su Facebook.

III. ¿Divorcio? Decidimos algo mejor. Habitaciones distintas, baños distintos, televisores distintos, encuentros sexuales distintos, un mismo y feliz hogar.



® Arturo Texcahua. "Ceñir la Palabra", Trajín Literario.

viernes, 7 de agosto de 2015

Lunes 10 de Agosto en Palabras Urgentes: Arturo Texcahua

presenta este 
Lunes 10 de Agosto de 2015

en vivo a las 17:30 horas por


estará con nosotros el escritor 

Arturo Texcahua






presentando su libro  Ceñir la Palabra
bajo el sello de Trajín Literario





"Cuando ella dijo se acabó la estranguló hasta matarla. Descansó del esfuerzo acomodándose a su lado. Las manos aún le temblaban. Ahora estaba muerta, lo había comprobado: no respiraba y su corazón estaba inmóvil. Vio su cara relajada y lloró diciéndose estúpido."


Además de nuestras secciones:

Cada quien su boca
Notas Imprescindibles
Escritorpedia

Conduce: Andrés Castuera-MIcher
Palabras Urgentes
Las escritoras y escritores tienen la palabra.

lunes, 3 de agosto de 2015

Efrén Romero Acuña presenta en "Cada quien su boca" de Palabras Urgentes (3 de Agosto 2015).



EFRÉN ROMERO ACUÑA


El viejo Reloj de Oro (Fragmentos)

Era muy de mañana, el sol casi llegaba a su cita con el Popocatépetl cuando surge por su cono como si de pronto el viejo volcán se pusiera un hermoso penacho multicolor resplandeciente, momento que nos muestra el inicio del invierno en el recorrido anual que realiza Tonatiuh, del Popo al volcán La Malinche, y que disfrutamos los Anahuatlaca de la cuenca, la llamada Ciudad de México.
Sentado junto a mí, de lado de la ventanilla del tranvía que me trasladaba al centro de la gran metrópoli, iba un señor de edad muy avanzada, de sombrero de fieltro y traje de lana, con chaleco y zapatos finos. Los dos mirábamos el paisaje, fue un instante de confluencia, como si los dos tuviéramos la misma impresión de esa hermosa mañana. Me surgió una pregunta:
–¿Señor, es usted de Xochimilco?
–Mira, mijo –dijo con una voz anciana pero firme–, hubo un tiempo que Xochimilco casi era mío.
Sonreí y él también esbozó una sonrisa.
–Estos lugares eran muy diferentes, hoy hay casas sembradas donde nosotros sembrábamos alimentos: mucho maíz, muchas hortalizas. La chinampería abarcaba la parte que se mira hacia ese cerro –me señaló el de la Estrella– y mas allá.
–Sígame contando –le supliqué.
–Un día como hoy pero ya hace setenta o más años, por este lugar viví una experiencia que de algún modo cambió mi vida.
–Cuénteme, que aún falta mucho para llegar.
Comenzó su relato como si estuviéramos en aquel tiempo, su tiempo. Sentí que me trasladé a esa época, que su plática me llevaba hacia atrás metiéndome en el vasto horizonte de sus recuerdos, inconcebible para su edad, que calculé en unos 95 años.
–Ese día, el domingo ocho de diciembre de 1909 –me dijo–, viajaba no muy cómodamente sentado en la abarrotada diligencia que llevaba en el techo a ocho pasajeros, además de los ocho dentro de ella, y que habíamos abordado minutos antes en la estación Xochimilco, uno de los sitios de trasbordo de esa línea, que había iniciado sus servicios por 1850, y que tenía como destino Chalco.
Delante de nosotros transitaban varios carretones con mercancías, que viajaban rumbo a Tlalpan, San Ángel y Coyoacán. Unos desviarían su camino en el pueblo llamado Huipulco y otros en el poblado de Churubusco. Viajaríamos sobre la calzada prehispánica que se dice mandaron construir los xochimilca, durante el reinado de Moctezuma.
Viajar en caravana se hacía por los constantes asaltos realizados por las gavillas de delincuentes, que venidos de otras ciudades, por esos años, principios de 1900, representaban crueldades sin nombre para sus víctimas.
Mire –dijo señalando a nuestro costado las vías del servicio de ferrocarril que fuera usado para el acarreo de suministros, en la realización del gran acueducto Xochimilco-La Condesa, que suministraba agua potable a las colonias del centro de la Ciudad de México–, esas vías fueron utilizadas por el tranvía que unía a Tulyehualco con Xochimilco, y que llegaba hasta la Villa de Guadalupe. En aquel momento, sin duda, estábamos a un paso de entrar a la modernidad, pero mientras tanto viajábamos en las diligencias custodiados por nuestro ángel de la guarda, pues según tengo entendido las únicas armas que llevaban consigo los carretoneros eran las de “¡ármate de valor!”
Comenzó a contar como si estuviera viendo en ese momento el paisaje físico y a los hombres que lo habitaban. Las cosas y personas, con dramática presencia, surgían de la voz añeja de mi vecino de asiento, convirtiéndonos en trotamundos del pasado.
–Iba rumbo al pueblo de Coyoacán, donde me esperaba una jugosa tajada monetaria por varias cargas de trigo que había recibido en Xochimilco, como parte de mi negocio de revendedor, que tantos dividendos dejaban por estos lugares estratégicos como lo era Xochimilco, un lugar lleno de riquezas agropecuarias desde miles de años atrás y paso forzado de mercaderes del sureste de México. Yo compraba las cargas de mercancía y las revendía en varios lugares de la capital. Mis tatarabuelos realizaban el mismo oficio, a ellos se les llamaba pochteca. Iban de pueblo en pueblo buscando mercancías, además eran parte del servicio secreto del gobierno, ya que servían como ojos y oídos de los emperadores prehispánicos. Los principales vivían en lujosas casas en el sitio llamado Xilotepec y los que tenían menos riquezas en el pueblo de San Mateo Poxtla, que otros llaman Xalpan; los protegían los gobernantes y al igual que los señores embajadores de ahora, eran intocables y había pena de muerte a quien les hiciera algo. Bueno, eso se cuenta.
De pronto, pasando el pueblo de Tepepan, aparecieron tres individuos montados en excelentes caballos y bien armados con las recién aparecidas Colt 45 y rifles Winchester. Eran forajidos que disparando al aire obligaron al cochero a parar la diligencia. Con voz apagada por los paliacates que les cubrían el rostro, nos pidieron que entregáramos dinero y joyas, y nos lanzaron una bolsa de cuero para que en ella depositáramos lo solicitado. Los que viajábamos dentro de la diligencia de inmediato pusimos en la bolsa parte de lo que traíamos de monedas de plata y billetes. Uno de ellos, de nariz grande que sobresalía del paliacate y enormes ojos moros, vio la cadena de oro que surgía de mi chaleco, y sin pensarlo dos veces me la arrancó. Con ella se fue un reloj de oro con el águila porfirista al frente y mis iniciales por el otro lado.
Se conformaron con lo recaudado y se fueron velozmente rumbo a los cerros. Nos llamó la atención que no nos obligaran a bajar y que se fueran tan rápido. Concluimos que para nuestra buena suerte eran noveles ladrones.



Disfrutamos la competencia. La gente de Xochimilco, de pie o sentada en el suelo, ocupaba el lado oriente del canal, mientras los extranjeros, en el lado poniente, tenían gradas adornadas con festones y banderas de las naciones participantes. En la última regata, la más esperada, participaron ocho remeros en cada bote. En un final inesperado, los de Xochimilco les ganaron a los españoles por casi nada, algo que llenó de júbilo a los espectadores de mi pueblo y dejó con un coraje entripado a la esposa de don Gonzalo.
Recuerdo que eran unos jóvenes xochimilca muy altos y fornidos, forjados en las tierras de labor.
Bajamos a una chinampa, donde troncos y maderos hacían las veces de mesas y sillas. La comida aún se preparaba en los fogones, sobre comales de barro. No obstante, en pocos minutos se sirvió el menú previsto y el apetito despertado por los deliciosos olores motivó a los comensales a consumir hasta la última tortilla. Don Gonzalo agradeció formalmente el convite y yo reiteré mi hospitalidad, invitándolos a venir cuando ellos lo dispusieran.
De regreso en las canoas, Fernanda me tomó del brazo durante todo el trayecto, mientras comentábamos las incidencias del paseo. Me dijo que le gustaría conocer más sobre las costumbres de Xochimilco, su padre le había comentado de su diversidad. Propuse vernos en la escuela de San Bernardino para mostrarle más cosas de mi pueblo.
Cuando desembarcamos los invité a mi casa. Don Gonzalo lo agradeció, pero decidieron marcharse porque ya casi era de noche. En ese momento un niño llegó corriendo y preguntó por Fernanda. Su padre la esperaba en mi casa desde hace varias horas. Garanticé a don Gonzalo que llevaría a su hogar a Fernanda y al profesor. Él, su familia y los invitados se marcharon. Me despedí de mis amigos, sin su ayuda no lo habría logrado. Fernanda, apoyada en mi brazo, caminó a mi lado las tres cuadras hasta mi casa. El recorrido fue un sendero a mi futuro.
En el pórtico de la casa, sentado en una banca de piedra que había colocado alguno de mis parientes ya hacía mucho tiempo, esperaba el profesor. Al vernos se alegró y explicó que no había podido acompañarnos porque se le había hecho tarde y no alcanzó a embarcarse, además no sabía por qué canales nos habíamos ido, por eso se quedó a esperar.
–Mientras –agregó– fui a darme una vuelta por el barrio de la Concepción Tlacoapa, en donde se está acondicionando un cine, algo muy esperado por los pobladores, junto a lo que fuera el Hospital de la Sagrada Concepción de María. Por ahí encontré a dos jóvenes profesores que fueron convocados para ponerle el nombre al cine: Sóstenes Nicolás Chapa y Tiburcio Altamirano García, hijo de uno de los socios de la plaza de toros, Rodolfo Gaona, que está atrás de la casa de usted.
–Gracias –contesté a la famosa fórmula que usamos los mexicanos para ofrecer la hospitalidad de nuestra casa a otra persona.
–No se decidían si se llamaría cine Amapolas o Las Rosas. Total que una señora que venía saliendo de la pulquería Las Chinampas, hasta las manitas, les dijo: “Ya, ya no se peleyen, que las amapolas y las rosas son flores ¿o no?” Y así se le quedó el nombre de cine Las Flores.
Reímos de muy buena gana.
Abrí el zaguán invitándolos a pasar. Llamé al mismo chiquillo que dio el aviso y le encargué que fuera al mercado a comprar pambazos, garnachas y chile-atole con la tía Agustina Guevara Linares, para invitarlos a merendar. El profesor me dijo que no me molestara. Respondí que yo no había podido comer por atender a mis invitados, que sería bueno comer algo. Fernanda aceptó.
–Yo también tengo hambre, papá.
–¡Qué no se hable más! –y le di unas monedas al muchacho diciéndole que trajera algo también para él.
Platicamos al profesor los incidentes de la reunión. Nos asombró que muchachas y muchachos del pueblo se arrojaran al agua ante la mirada atónita de los extranjeros, quienes, después de un rato de ver lo divertido que era esto, también se metieron a las aguas cristalinas y frescas. Españoles, ingleses y alemanes convivieron en un alegre encuentro sin distinción de razas, clases sociales, niveles económicos o culturales.
Ya había pasado mucho tiempo y el muchacho no llegaba. Pedí que me esperaran un momento, que iría a ver qué pasaba. Fernanda se ofreció a acompañarme y me negué diciéndole que no tardaría más de dos minutos, ya que el mercado estaba a unos pasos. Tome un gabán y salí con premura. A unos metros de la casa vi a un hombre montado en un caballo discutiendo con mi muchacho, quien traía una bolsa de ixtle con lo encargado. El tipo le entregaba un papel mientras con la otra mano agarraba las riendas de su caballo. Escuché que gritaba:
–¡Y se lo entregas, me entendiste!
–Deje al muchacho –grité–, ¿qué se trae?
Al verme dijo:
–¡Mire nada más! Me ahorra el tiempo.
Enseguida sacó un arma y gritó:
–Por su culpa mataron a mi amigo, ahora usted la va a pagar.
El chico y yo corrimos a refugiarnos en los portales del mercado mientras el criminal espoleaba su montura nerviosa, que no le permitía apuntarme. Cuando escuché la primera detonación, quedé paralizado. Con las otras sentí un golpe en la cadera que me mandó al suelo; recibí otros tiros, no supe cuántos, solo sentía un fuerte dolor en la cadera y escuchaba los gritos y las carcajadas frenéticas de mi atacante confundiéndose con los relinchos del caballo.
Después no recuerdo qué pasó. Me contaron que al parecer el asesino me dio por muerto y huyó a todo galope, mientras el muchachito, pálido y a punto de desfallecer, fue a mi casa a informar lo sucedido.
–¡Ya lo mataron, ya lo mataron!
El profesor y Fernanda acudieron al lugar y vieron cómo muchas personas me rodeaban. Fernanda asegura que se acercó a mi rostro para sentir mi aliento y dijo:
–¡Está vivo, vayan por un doctor, rápido!
El médico más cercano era el recién titulado Santiago Velazco, que fue sorprendido a punto de dormirse, por esta razón llegó vistiendo bata y pijama. Después de revisarme, advirtió:
–¿O es su día de suerte o el que lo baleó tiene muy mala puntería? Dos en las piernas, uno en la cadera, otro que le voló parte de la oreja, pero ninguno es mortal. Vamos a cargarlo a mi consultorio.
Ya en el consultorio el doctor solicitó a Fernanda que se lavara las manos y se colocara una bata para que lo ayudara. Asustada y nerviosa, aceptó ante las dramáticas circunstancias. Angustiado, en la puerta del consultorio el profesor informaba lo sucedido al comandante Epifanio Romero, quien a la brevedad buscó refuerzos para ir tras el bandolero. Durante la operación Fernanda se mostró tranquila y muy activa con las indicaciones del médico, quien, después de extraer las balas y suturar, la felicitó por su valentía. Don Camilo Martínez ya estaba en el lugar; después de conocer los pormenores, propuso al profesor y a Fernanda que se quedaran en su casa; Fernanda se negó y pidió al doctor permanecer en el lugar hasta que yo despertara. Él médico aceptó que ella lo cuidara hasta la mañana siguiente acompañada del profesor, que se acomodó en un sillón de la antesala del consultorio mientras Fernanda en una silla a lado del paciente.


Oiga, don José, ¿y usted conoció personalmente a Victoriano Huerta?
–Sí, y a Porfirio y a Madero, y a Villa y a Zapata, además de una buena cantidad de gente de fama. Lo que pasa es que como la casa de usted estaba en el mero centro de Xochimilco, a un costado del palacio municipal, y la verdad con un buen patio y fachada. Fuera por petición del gobierno xochimilca, por conveniencia o por amistad, siempre terminaba como anfitrión de gente célebre. Eso me ayudó mucho, económica y socialmente.
–Ya me emocionó con eso de que conoció a muchos personajes de la época. ¿Qué le pareció Huerta? ¿No le dio miedo tratarlo?
–A unos les toca ser los malos y a otros los buenos. Si no fuera así, la historia sería aburrida y nada interesante. Recuerdo haberlo conocido un día que pasó por su compadre Urrutia para ir a una comilona a su finca de Atlapulco. Me preguntó dónde podía conseguir una caja de coñac francés Napoleón, de ser posible, o Hennessy. Le dije que yo se las traería. Mandé a decir a Manuel Castro, el dueño de La Esperanza, una tienda muy bien surtida –por cierto uno de mis mejores clientes— que me enviaran una caja de cada marca. ¿Y para que tanto vino?, le pregunté a Victoriano. Lo que pasa es que voy a casar a mi hija Luz con el capitán Luis Fuentes, y pues hay que quedar bien con los familiares, pero principalmente con la gente que me apoya. Mientras me traían la mercancía, le ofrecí que pasara a la casa. Por cierto, solo venían dos guardias con él, en su coche, y todos vestidos de civil.
La verdad es que durante su mandato no hubo la conmoción de la que tanto se habla, eran solo algunos. Decía él: “Eran gentes que habían perdido sus empréstitos y los grandes negocios que realizaban en el pasado basados en favoritismos de servidores públicos, y en triquiñuelas que ya no podían hacer en mi gobierno. Por esa razón removí varias veces mi gabinete, ya que el primero me fue impuesto por reyistas y felicistas, apoyados por un gran grupo de comerciantes y gobernadores. Por eso también me atizaron duro los gringos, porque les puse impuestos a las bebidas, incluyendo el pulque, a la venta del petróleo, caucho y muchas cosas más, con lo que se logró estabilizar la economía, además de pagar la deuda que dejó Madero de cuarenta millones”. Me contó que los gringos no lo querían, porque no se acomodaba con sus fines expansionistas, tanto así que gracias a él no se nos invadió y esta vez era para quedarse para siempre y por siempre con nuestro México, bueno nomás Veracruz, pero se las arregló enviando a gente muy capaz a Canadá, a un encuentro diplomático en el que se llegó a un acuerdo que libró a México de una gran intromisión.
Según lo viví, hizo cosas buenas, como el control bancario y la militarización de escuelas, porque él decía que “si no saben ser disciplinados, nunca serán educados”. Además de que aumentó la cantidad de aulas escolares y de hospitales, además de reorganizarlos, para que aceptaran que los estudiantes de medicina hicieran sus prácticas, lo que antes estaba prohibido. Pero lo más importante fue haberle puesto una tunda al presidente Wilson, que ya tenía lista la invasión. Si no lo hubiera detenido, ahorita estaríamos rindiéndole culto a la bandera de las barras y las estrellas. Eso ya lo venían fraguando desde antes. Aunque querían humillarlo y maniatarlo, de todas formas les puso un hasta aquí.
–¿Pues no que era muy malo?
–A mí me pareció un hombre normal, agradable, salido del pueblo y elegido para guiar al pueblo, pues así lo dispusieron los tres poderes y Lascurain que le tomó la protesta de ley frente a todos.

¿Y a Urrutia por qué no lo quieren muchos mexicanos?
–Por ignorancia y prejuicios. Para empezar no lo quieren por el concepto erróneo que se tenía de los xochimilca, de indios sin zapatos, cerrados y buenos para nada. Eso se decía, pero quienes conocían bien a los xochimilca sabían que eran burgueses a su modo, ricos a más no decir. Nomás le pregunto, joven, ¿quiénes construyeron la grandiosa obra conventual de San Bernardino de Siena?
–Pues los franciscanos –le contesté.
–Mal, mal, ¿y con qué dinero?
–Pues de los españoles.
–¿Y de dónde sacaron el dinero?
–Pues se lo mandaron de España.
–No, no, no joven. Los franciscanos vivían humildemente. Los españoles llegaron a nuestras tierras buscando las riquezas que no tenían. Así que todo lo costearon los ricos xochimilca. Digo lo costearon porque trajeron albañiles, canteros y carpinteros de varias partes de los estados de México, Puebla, Morelos y Oaxaca.
Me dejó con la boca abierta, eso nunca lo había pensado.
–Aureliano Urrutia fue un médico reconocido mundialmente. Pero aquí sus enemigos decían ¿como un indio xochimilca va a ocupar el puesto de director del Hospital General, va a ser el director de la Escuela de Medicina, y a desempeñar por muy corto tiempo el cargo de ministro de Gobernación? Él le salvó la vida al torero Ponciano Díaz, a quien un toro le propinó una gran humillación.
–Querrá decir una gran cornada.
–No, una gran humillación, porque se la dio en el recto.
Los dos reímos a carcajadas.
–Sus mismos paisanos le reclamaban unos terrenos que, según ellos, se había robado. Él contaba con los derechos de propiedad, por los cuales pagó una gran suma al gobierno, el cual después lo despojó de dichas tierras, sin restituirle nunca el dinero. Dejó el ministerio de Gobernación porque no convenía a sus intereses y porque lo tupieron con todo, con base en periodicazos pagados por sus envidiosos detractores, que vieron en Urrutia un enemigo muy difícil, como cirujano, como maestro, como empresario, pues llegó a contar con un hospital único en su género y época, con un gran prestigio que muchos de sus críticos hubieran querido. De los llamados mártires de Urrutia, con el tiempo se demostró que él nada tuvo que ver en los sucesos.
Hoy se disfruta lo que dejó, pues fue el precursor de las residencias médicas. También modificó el plan de estudios de la carrera de medicina, favoreciendo la práctica clínica. Afirmó que el Hospital General debería actuar como un hospital–escuela que dependiera de la Facultad de Medicina.
–Así es, don José, ese hospital está considerado como el mejor hospital–escuela del país, aunque no de manera oficial.
–¿Y qué pasó? Se tuvo que ir del país. ¿Y qué cree usted, joven? Urrutia podría haber sido presidente, pero ¡cómo un indio xochimilca!
–¿Sí, verdad? Como que no nos respetan.
–Es que muchos xochimilca la riegan negando la cruz de su parroquia.
–Y de sus respectivas capillas.
–Somos malinchistas de corazón.
–No todos.
–Así es, solo la mayoría.
Risas y risas, con todo y una cachada increíble de la postiza que se fue al aire.

¿Y conoció a Francisco I. Madero? ¿Cómo era?
–No me gusta hablar de los muertos que en vida buscaban a los muertos, a los espíritus y las cosas esotéricas. Él también estuvo en Xochimilco durante su campaña a la presidencia. En la casa de usted se le hizo una comida a la que asistieron varios personajes distinguidos como Carranza, Justo Sierra y otros más que después serian parte de su caída y muerte. Estuvo muy tranquilo, mi esposa y mi suegro los atendieron mientras mis compadres Pilar, Rosendo, Juan y mi flamante padrino y tío político, don Gonzalo –quienes no quisieron perder la oportunidad de conocer al chaparrito–, nos poníamos una guarapeta sin saber en honor de quien. Vino una copa de coñac, después la otra, hasta que Pilar nos empezó a correr gritoneándonos: “¡Ya váyanse gorrones!” Ahora sí, machetazo a caballo de espadas. Yo corrido de mi propia casa. Pero cuando Camilo llegó para ver el resultado de tan finas visitas, Pilar se puso muy derechito y se fue a su casa quietecito. Ese Camilo sí que sabía controlar a sus hermanos. Lo bueno que esto sucedió cuando ya se había marchado la comitiva con todo y futuro presidente.
–¿Oiga, y es cierto que Huerta mató a Madero?
–Eso se me pasó preguntarle a Victoriano, pero según sé, eso de su muerte es tan complicado como lo de Manuelito, ya que existen varias versiones. Yo me quedo con la que dice que se fraguó meses antes, desde Gringolandia, y como siempre por incumplimiento de pagos políticos por parte de Madero a quienes lo pusieron en el poder y que gastaron sangre y sudor, y millonadas en publicidad periodística.
–¿A poco ya se hacía eso?
–Por supuesto. La prensa hacía reyes o derrocaba a eminencias, como le pasó a Urrutia. Quienes en verdad conocieron a don Aureliano sabían de su ética como político y como médico. Los más cercanos reconocían a Victoriano como militar y por su gran entrega y esfuerzos para cambiar a lo bueno, a un país dolido por las intrigas, traiciones, ambiciones desmedidas y las guerras provocadas por intereses externos.

®Efrén Romero Acuña. "El viejo Reloj de Oro", Trajín Literario.


Lunes 3 de Agosto en Palabras Urgentes: Efrén Romero

presenta este 
Lunes 3 de Agosto de 2015

en vivo a las 17:30 horas por


estará con nosotros el poeta

Efrén Romero Acuña



presentando su libro  El Viejo reloj de Oro
bajo el sello de Trajín Literario






"E
ra muy de mañana, el sol casi llegaba a su cita con el Popocatépetl cuando surge por su cono como si de pronto el viejo volcán se pusiera un hermoso penacho multicolor resplandeciente, momento que nos muestra el inicio del invierno en el recorrido anual que realiza Tonatiuh, del Popo al volcán La Malinche, y que disfrutamos los Anahuatlaca de la cuenca, la llamada Ciudad de México."


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