MÓNICA GONZÁLEZ VELÁZQUEZ
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LAS ETERNAS RUTAS
(Diablura ediciones, 2013)
LOS PASOS
ERRANTES I
Manhattan Dreams
I
Peces con
alas vuelan hacía nubes de higo y frutas dulces
un sol
mustio, no cesa de implorarle a las tormentas que sean menos.
Caminas
por donde tu huella se vuelve firme, gris como el pavimento.
II
Museo de Arte Moderno
acatar tu belleza
mirar con los ojos de Buda el cuello alto de esa mujer
la veta ocre de robustos pastizales
o correr tus escalinatas al ritmo del viento.
Madison Square Garden te desbordas
ríos de luz son la respiración de mi asombro.
III
Estar en el centro del mundo, en el sitio donde los sueños nacen.
Miro la hoja que se deshace por las cuatro esquinas
camino por el West Side
las avenidas me devuelven sus guiños rutilantes.
Es mi boca un pozo abierto donde nacen las primeras letras de tu nombre
ciudad de rascacielos, templos y gente de todos los colores del
atardecer
me planto en las alas del viento en mis ojos cabe el mundo entero.
LOS PASOS
ERRANTES II
La bruma se dispersa
Y si alguien me pregunta
quien soy, le diré:
Soy quien fluye del río al mar
a las orillas de una costa sin nombre
donde un reino se erige
las naves se incendian
la bruma se dispersa
Soy unas manos
que lentamente sueltan las amarras
en el estandarte de los náufragos
Soy un cuerpo fragmentado
ola espiral en danza rota
Soy la voz que nunca fue
en el silencio húmedo de unos labios
Soy todo lo que dicen acerca
de un par de maletas
y zapatos de viaje
para la
travesía.
Crónica de las
horas que ya no son
Acá me trajeron mis sueños
el brillo de una mirada sin palabras
Sostuvo su canto mi golondrina
y en vuelo de alas rotas -cruzó el mar-
En la impronta de mi sombra en los caminos
iniciaron mis pies una danza desconocida y sorda
Me despojaron de toda buena voluntad
sólo las marismas del Odiel
y la remembranza de su vaho
dan cuenta de mí
en una tierra donde la luz proviene de un faro sin vigía.
La danza del
colibrí
Golondrina de alas rotas, no vuela
pero baila la canción desconocida del colibrí
De mí tendrás
las horas acumuladas sobre la espalda
la cama blanca y
el reino de los infantes
Ave-ballena, no vuela
pero trastorna los sueños de Magritte
De mi tendrás
las tardes sobre la almohada
y un lugar
cálido en la palma de mi mano
Chimpancé de ojos tristes, no vuela
pero ejecuta el Lunfardo de los que aman
De mi tendrás la
danza rota de los corazones sin vuelo.
LOS PASOS
ESTÁTICOS
Eva en el paraíso
Para todos
nosotros caerá la noche y llegará la diligencia.
Disfruto la
brisa que me conceden y el alma que me han dado para disfrutarla,
y no me
interrogo más ni busco.
Bernardo Soares
Hoy desperté con una tibia sensación de tristeza. Todo cuanto busqué en
la tierra, se ha instalado en este cuerpo. La belleza es algo que desconozco.
Cae la noche, avanzo cual bestia caprichosa que no entiende de utopías,
ni de consuelo en el sosiego de este paraíso que habito.
Puedo ser la manzana que se asfixie en su propio regocijo, la serpiente
que se meza en los labios de la luna, pero soy la rencarnación de Lillith.
El bullicio de las aves no me clarifica el pensamiento, el agua de los
ríos no me conforta, el verde de los valles no me parece sublime ¿Qué es esto
que guardo en las entrañas?
Miro la perfección de los miembros que me forman, uno el conjunto y
camino en círculos, miro la sombra que reflejo: sé que soy perfecta como la que
buscó refugio en el Mar Rojo; con el índice compruebo la resistencia de mi
arcilla, la sensación que no digiere la entraña.
Antes de ser expulsada del paraíso terrenal, debo pedirte que dibujes
tus labios en mi espalda y que al hacerlo, dejes el espacio justo para la
envergadura de mis alas, porque no voy a permanecer en este reino al amanecer.
Este cuerpo que me alberga es geografía desconocida para los instintos
que recorren la desnudez que me avergüenza.
Nuevas formas estallan en la cúpula azul que me rodea, pueden ser las
señales del destino que me aguarda.
Comí, bebí, bailé y amé todo lo que me rodeaba, cien mil soles
representan mi existencia y ahora muero junto con los ríos que me vieron nacer.
El agua que reflejó mi rostro, tal vez encuentre consuelo en el canto
del cisne, el croar de la rana, el zumbido de la cigarra.
Uno las puntas del cielo estrellado, fósforos incandescentes iluminan la
impronta de mi sombra en los caminos.
Golondrina de alas rotas, no vuela pero danza la canción desconocida del
colibrí.
Dejo a todas las bestias que habitaron mi paraíso, las
palabras que ya no pronunciará mi boca:
El hombre asciende las ruinas de su cuerpo cuando la piedra es un cometa iracundo. Los milagros podrán suceder si las ventiscas no se llevan las arenas hacia el Sur; a las grutas escarpadas donde la piedra es pan y el agua vino, donde las manos se agrietan, donde el tiempo transcurre en el cuchicheo de los ancianos.
Las piedras gritan los nombres de los que ya se han ido, de los que rastrean las sombras de cuerpos ajenos, de los que no descienden.
Algún infortunio les habla, algo queda por hacer, aquí la palabra versa y versa; allá el silencio duerme el quebranto. Algo queda por decir.
Ahora me voy al destierro, con la osadía de un perro en celo y el olor de tu sexo entre los dedos.
®Mónica González Velázquez.
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