lunes, 12 de marzo de 2018

Lunes 19 de Marzo en Palabras Urgentes:; Walter Aguilar

Lunes  19 de Marzo 2018
5:30 PM EN VIVO 


presenta
EN VIVO por
www.codigoradio.cultura.df.gob.mx

nos acompaña el poeta

Walter Aguilar


"Lea…
Es grandioso saber que hay escritores en tu vida que te dejan pensando…
Pero es más grande saber, que cuando me lees a mí, te quedas sintiendo…"

Además de nuestras secciones:

Cada quien su boca
Notas Imprescindibles
Escritorpedia

Conduce: Andrés Castuera-MIcher
Palabras Urgentes


Las escritoras y escritores tienen la palabra.

http://www.codigoradio.cultura.df.gob.mx/index.php/palabras-urgentes

Brenda Cedillo presenta en "Cada quien su boca" de Palabras Urgentes (12 Marzo 2018)


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BRENDA CEDILLO


MIL CARAS

La moneda fue lanzada.

           Águila

Y ahora estamos aquí,
con la Libertad
atada al pie
hasta ahogarnos
con ella
en el fondo del agua.
Accidente de copa rota
que derrama el vino
en el blanco mantel celeste.

Agua amorfa
que sin límites
sería lo imposible.

              ¿pero no éramos
               agua sin forma?
                -habla la niña-
-No.
El c a o s ordenado
de las colmenas
hemos sido
desde la gran explosión.
La perfecta mezcla
que da a luz
el azar de la moneda.
Que en sus dos caras
de placer
        y dolor
se muestran
en sin fin
de potencias.
Nuestra dirección
nunca ha sido
la misma.

En el camino,
las piedras
cambiaron
el paso del río.
   Dios
      es la incertidumbre
          del río que caerá
                 por la cascada
                      rompiendo en mil
                             partículas de agua
                                 que jamás sabré
                                      a dónde       romperán.
Pero ligero
es el río del tiempo
que se escurre
entre los dedos.
Hoy,
     letra a letra
    -gota a gota-
suena la vida
cayendo
cíclicamente
en su casualidad.










Segundo Bloque

EL ESTADO DE LA MEMORIA

Aúno los fragmentos
de la habitación del tiempo.
Caminas sobre la sombra
de algún árbol
que el viento hace cantar,
mientras me hablas
de aquello que es inexistente.
Besos en flor
de un otoño frío.
Luces de nuestra palabra
que advierte la grieta oscura.
El recuerdo vago de ti
                    el abismo apático con el mundo.
Nuestra pena y dicha
se encuentra aquí.
En la contingencia
de tus palabras que pueden ser
nuestra Libertad
o nuestra jaula.
Nuestro puente
o nuestra habitación sin ventanas.
Permíteme hacer una entrada
en donde el ojo lunar
        se asome
en donde escuche a tus cabellos
trenzar nuestra memoria.
¡Quitemos nuestras vendas
parpadeemos sin celdas!
Y pálpame con tu voz
pues nuestra soledad
no es certera.
Aunque nuestra memoria
siempre haya estado estrellada
como espejo
 que trae mil años desfortuna,
nos encontramos aquí
en el movimiento infinito
enmarcando
nuestra porción de tiempo
cristalizando
nuestro grano de arena
en voces de sangre.
¿Qué otra pista quieres de nuestra muerte?
Si hemos llorado
y nuestras lágrimas
se han evaporado.
Tu memoria somos nosotros
caminando en la vida.
El Otro
que nos enuncia
y nosotros que le cantamos.
Siempre es así.
En este momento interminable
que nos vislumbra
la historia inabarcable como el mar.


















Tercer bloque
EL OJO DE AGUA

No obtuvo el universo provecho a mi llegada,
ni aumentará mi marcha su rango y esplendor,
ni de nadie escucharon mis oídos jamás
porque un día llegué y otro me marcharé.
-Omar Jayyam; Irán

Cantemos,
por el reencuentro con la vida
que nuestra hora ha llegado
en tejidos que un ave desata con su vuelo;
dejando abierto el paso
a nuestra mirada
para encontrar el cuerpo del silencio.
Yo solía mecerme
en la inmensidad
 de un momento sin comienzo,
como luz de una estrella muerta.
Ahora, todas mis palabras
han nadado hacia mí
como estrellas fugaces
en un mar desconocido
          intentando
adherirse a fragmentos
de nuestra vida.

Los signos muertos
se volvieron ceniza de una fogata
 siempre a punto de apagarse.
Dejando
como única verdad
         tu palabra
la palabra viva
aquella que es
          puente
donde vamos
a nuestro encuentro.
Como mar y cielo
ave y viento
muerte y vida.
Es el aroma del mundo
que por un instante
se respira.
La línea que se rompe
entre el cielo
y quien observa
cuando en la caída
los nudos del tiempo
atan y desatan
nuestra vida.
         La voz florida
-siempre ella-
nos advierte
nuestro caminar   finito.
Como espejo de agua
que refleja, quieta
nuestro acontecer;
en el instante eterno
que transcurre llamándose:
          mortalidad.
(Cae una hoja, alguien canta
alguien ríe, alguien muere
una lágrima brilla   y
           TODO
en este goce de la vida)


domingo, 11 de marzo de 2018

Lunes 12 de Marzo en Palabras Urgentes: Brenda Cedillo

Lunes  12 de Marzo 2018
5:30 PM EN VIVO 


presenta
EN VIVO por
www.codigoradio.cultura.df.gob.mx

nos acompaña la poeta

Brenda Cedillo


"Yo solía mecerme
en la inmensidad
 de un momento sin comienzo,
como luz de una estrella muerta." 


Además de nuestras secciones:

Cada quien su boca
Notas Imprescindibles
Escritorpedia

Conduce: Andrés Castuera-MIcher
Palabras Urgentes


Las escritoras y escritores tienen la palabra.

http://www.codigoradio.cultura.df.gob.mx/index.php/palabras-urgentes

lunes, 5 de marzo de 2018

Edgar Hernández Zepeda presenta en "Cada quien su boca" de Palabras Urgentes (5 marzo 2018)



 
EGAR HERNÁNDEZ ZEPEDA

El ciego de Cahuacuá (fragmento)

El Ciego me miraba a través de sus desencarnados ojos blancos; quiero decir que atravesaba mi alma con aquel par de bolas secas; escrutándome, juzgando el miedo que sentía y que hacía que me resbalara cada dos pasos a pesar de mi esfuerzo por mantenerme en pie. —Te trajiste la ciudad contigo —sentenció. Y siguió jalándome camino arriba de la cuesta hasta donde el verde pasto se confundía con el gris calizo de la peña.
Desde nuestra altura, la rojiza tierra de Infiernillo parecía una mancha de sangre que empapaba la morena orografía de San Antonio Huitepec. Aquel valle de muerte, inmerso entre la serranía, me parecía ahora un paraíso que lentamente se perdía entre la niebla y los huizaches marchitos.
Hacia ya más de seis horas que habíamos comenzado a subir, a resbalar mejor dicho, por el empedrado y la poca luz que le quedaba a la tarde comenzaba a menguar como mis fuerzas; dejando en su lugar un terror creciente que se agolpaba en mi pecho, no sólo por el vértigo que me producía lo empinado de la cuesta, sino por la forma en que el Ciego me sujetaba: clavándome las uñas en la muñeca, insistente, con la desesperación de quien se aferra a la vida, o por el contrario, de quien que busca a toda costa arrebatar la tuya.
Arriba el aire faltaba; por lo que había cesado nuestro hablar y se había convertido en un silencio lastimero que apenas si se interrumpía cuando el Ciego intentaba orientarse de nuevo con mis descripciones:
—¿Qué tengo enfrente de mí?
—Sólo una piedra grande que no se alcanza a ver dónde termina.


Diluvianos ante el diluvio
(fragmento) 
Es decir, que con la violencia del mar
quisiera volver a besar hasta sangrar
Manuel García

La nostalgia estaba en el café, quiero decir vertida en él. Por aquel tiempo teníamos dieciséis años y ya éramos viejos. Manuel García tocaba en el Ho Shi Minh. Arce me miraba desde el otro lado de la mesa arrojándome palabras a través de la blanca levedad de la humareda. No recuerdo siquiera de lo que hablábamos, pero yo sabía que en realidad la mente de mi amigo se hallaba a kilómetros de distancia, desmenuzando con los dedos la espalda de Malena. "Malena canta el tango como ninguna". —Cantó de repente con voz anacrónica como adivinándome el pensamiento, pero yo no quise comentar nada—. Dieron las diez de la mañana así que pedimos la cuenta y entonces ocurrió: Arce arrastró con parsimonia la taza verde sobre la mesa y el tiempo se detuvo.
—Mejor termínatelo tú —dijo—, yo ya no puedo.
Miré mi reloj para ver si aún servía, las manecillas habían dejado de girar. Me llevé la taza apresuradamente a los labios. Noté que el café estaba preparado furtivamente con mezcal y que se hallaba más frío que tibio. Al probarlo pensé que yo me hallaba igual: más frío que tibio. Quise espetar algo, pero ya no pude. El medio círculo formado en el fondo del cuenco había sellado mi destino.
Arce me llevó casi a rastras hacia el auditorio. Llovía a cántaros, pero eso era lo que menos importaba. La nostalgia lo había cubierto todo, todo lo horadaba, todo lo empapaba con una humedad arraigada entre los siglos. Ante mis ojos, la ciudad entera se levantó y derruyó bajo el negro moho en un instante. No pude terminar de escuchar el concierto, las frases del cantautor me hacian pensar inevitablemente en Malena —Difícil hacer el amor sin sentir que nos agarramos de una tabla—. Cada frase me evocaba su cuerpo cimbreante, cada melodía me arrastraba irremediablemente hacia ella como si fuera yo el mismo Arce ante su cuerpo desnudo.


Pollito exprés (fragmento)

Recuerdo con cierta nostalgia el día en que conocí al Pollito exprés. Era una oscura madrugada de enero, en la que el sol apenas si se asomaba por entre el denso edredón de nubes blancas que se deslizaban sin cesar sobre la azulina manta del cielo invernal. Fue esa falta de luz, quizá, o el frío que me calaba los huesos lo que hizo que me demorara unos diez minutos más de lo habitual para salir de la cama. Con la alarma aún timbrando en el reloj de pulsera, me vestí lo más rápido que pude, me lavé la cara y me enganché el candado al cinturón para montarme sobre mi bicicleta. Debido a mi retraso, esa mañana había decidido no hacer calistenia y por ello las rodillas se me entumían con cada pedaleada que daba. Esto me obligó a detenerme en más de un par de ocasiones, a frotarme con fuerza las piernas y echar vaho sobre las manos que se me congelaban a pesar de los guantes térmicos. Sotomayor me había insistido unas diez veces en que dejara la Treck en casa y me fuera en metro como el resto del equipo. Pero yo me negaba a abandonar la adrenalina que me producía surcar a toda velocidad la fila de automóviles que se apoltronaban uno a uno, con el paso de los minutos, sobre Avenida Chapultepec. —¿Cuánto vale un Panamericano apachurrado? —Me reprendía el profe—. Si quieres ser un alleycat vete a repartir periódicos—. Yo argumentaba que me servía de calentamiento y que además, me ahorraba cerca de 15 minutos de traslado. Pero a pesar de mis explicaciones, aquella mañana iba tarde y no lograba bajarle al tiempo estimado de llegada, lo cual redundaría en un castigo que consistía en subir y bajar, por más de media hora, las gradas del Agustín Melgar después del entrenamiento. El caso es que, por mi retraso, ese día decidí arriesgarme a cambiar de ruta, aumentando el número de kilómetros; pero reduciendo la cantidad de autos, pasos peatonales y oficinistas de “montaña” que bufaban en la ciclopista de Balderas y Arcos de Belén. Giré en Victoria y me detuve en Eje Central para enfilarme hacia el enlosado de República del Salvador. Y entonces lo vi.