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lunes, 15 de febrero de 2016

Jazmin Delgado presenta en "Cada quien su boca" de Palabras Urgentes (15 febrero 2016)

JAZMIN DELGADO


MIRAR DESDE EL SUELO

Después de estar fuera por algún tiempo, hoy regreso a casa. Ya sólo me faltan  unas cuantas calles. Miro al cielo tratando de ver la luna pero únicamente están las estrellas —hace mucho que no veo las estrellas ni la luna—.
Me quedé un instante hipnotizado por el cielo hasta que algo me distrae, un grupo pequeño de gente que cuchichea entre sí. Quizá ocurrió un accidente y hay algún herido o tal vez un muerto. ―Siempre es lo mismo cuando ocurren estas cosas. ― La gente atraída por el morbo de ver el sufrimiento de otros sale de sus hogares y trabajos para deleitar su curiosidad.

Recuerdo que la primera vez que vi  una persona herida, yo tenía ocho años. Aquel día acompañé a mi mamá al mercado, mientras ella compraba en un puesto de verduras yo fui a comprarme golosinas con el poco dinero que llevaba. Mi madre siempre insistía que no me alejara de su lado pero cuando escuché el chillar de unos niños y de una señora, no puede evitar mi curiosidad y fui a ver qué había pasado. Cuando llegue al lugar, se encontraba una anciana en el pavimento; y un niño entre lágrimas que suplicaba:

—¡No te mueras, abuelita!

Y una señora que decía:

—¡No me dejes, Mamá!

Los paramédicos estaban por llevársela y al momento de pasarla a la camilla vi como el rostro se le desprendió.
Asustado le grité varias veces a mi madre, quien llegó corriendo asustada, me abrazó y nos alejamos mientras me regañaba por no haberle hecho caso.
A pesar de que ya han pasado 17 años hay días en que sueño con eso.

Vi que el pequeño círculo de personas crecía de una manera considerable; hay gente que mira el  fúnebre espectáculo mientras comen, otras que se paran de puntitas para alcanzar a ver, otros toman fotos, hasta los autos disminuyen su velocidad intentando mirar lo que ocurre y como siempre, un policía que dice.

—Sigan avanzando, sigan avanzando.

Una señora que llega corriendo, distrae la atención de todos.

—¡Mi hijo, mi bebé… ¿Por qué Dios mío? ¿Por qué te lo llevaste?!

Al escuchar el llanto de esa señora, recordé que una ocasión en la que estaba en la preparatoria con mis amigos y decidimos no entrar a clases para ir a tomar unas cervezas. Cuando anocheció escuchamos unos disparos, mis amigos me dijeron que fuéramos a ver qué había sucedido, yo no quería ir pues me daba miedo que aún siguieran allí y también recordé la imagen de la anciana que vi en mi infancia. Pero para que no me dijeran que era un maricón los seguí. Supimos donde habían ocurrido los hechos porque de igual manera había mucha gente rodeando una tienda de abarrotes y cuando llegamos vimos el cuerpo tirado de un hombre, al parecer era el dueño de la tienda. Le había quitado la vida de dos balazos; uno en el pecho y otro en la cabeza, a su lado se encontraba su esposa quien gritaba a la gente que llamarán a una ambulancia, que hicieran algo en lugar de estar observando… Ni mis amigos, ni yo hicimos nada, estuvimos por un momento ahí, después nos fuimos a nuestra casa en silencio.

Hoy no era la excepción las personas musitaban “Pobre muchacho que Dios lo tenga en su gloria”, “Se ve que lo torturaron”, “Seguro andaba en malos pasos”, “Yo lo conocía era tan buen muchacho” “seguro que con estas fotos me dan algo en el periódico”. Todos hablan pero de seguro nadie sabe lo que le pasó, yo no entiendo por qué siguen ahí.

Hace algunos meses, mientras yo me dirigía a la universidad, una camioneta se detuvo enfrente de mí, se bajaron dos hombres, me vendaron los ojos y colocaron cinta en mi boca para finalmente subirme al automóvil. Durante ese lapso no pude hacer nada, me quedé en shock.
Me llevaron a no sé qué lugar en donde tenían a otras personas secuestradas, lo sé porque escuchaba sus llantos; era una mujer y un hombre.

—Checa sus contactos en su celular, ahí debe de haber algo— le decía un secuestrador (quien según yo era el que estaba a cargo) a otro.

—Ya valiste, hijo de tu puta madre —me decían mientras me golpeaban.

No sabía qué buscaban en mi celular, pensaba que quizás se equivocaron de persona, hasta que uno me preguntó

—¿A quién puedo llamar para pedir el varo?

 Me quedé paralizado hasta que uno de ellos me golpeó.

—Mira cabrón, si quieres salir de esta, más te vale que me digas a quien llamo, sino hasta aquí llegaste.

 Al escuchar que jaló el gatillo le dije que le marcara a Esperanza.

—¿Qué es de ti?—me preguntó el tipo sin quitarme el arma de la cara.

—Es mi madre—respondí.

No escuché la conversación, ni cuanto le pidieron.
—La vieja los va a conseguir, si no, le mandamos a su hijo en partes —se decían entre sí, no sé si era para asustarme o porque realmente lo iban a hacer. Me imaginaba la angustia y el dolor de mi madre que estaba pasando en ese momento.
Un día (o noche, no sabría decir la hora), escuché como entraron muy bruscamente esos hombres y le dijeron a otro de los que estaban ahí:

  —Ahora si te llegó la hora cabrón. No juntaron lo que pedimos.

―¡No por favor! ¡Haré lo que pidan! ¡Por favor, no lo hagan!

Escuché el llanto, la súplica de aquel hombre y como uno se lo llevó arrastrando a otra habitación, después oí un disparo…y en seguida un silencio.
La mujer gritaba aunque no lo lograba por la venda.

—Eso es lo que les espera —dijo uno de ellos al salir de la habitación.

Traté de que esas palabras no me perturbaran más de lo que ya estaba, pero la desesperación, la impotencia y sobre todo el llanto de la mujer no me lo permitieron. Mis lágrimas recorrían mi rostro, quería desahogarme de todo. Lloré demasiado, lloré hasta que el cansancio me derrotó y quedé dormido.
Pasó el tiempo, una eternidad y más. La comida que nos daban era muy poca, al igual que el agua. Me sentía débil, cansado, ya me había cansado de llorar, sólo esperaba que todo esto se terminara.
―Hoy se decide que hacemos contigo mamita ―le dijo uno de los secuestradores a la mujer,
Al parecer ella también ya estaba cansada de todo. No hizo sonido alguno, sólo suspiro. En parte me sentí tranquilo de ya no estresarme con los sollozos de la mujer.
Esperaba a que se decidiera su destino, aunque a esas alturas y por lo que le pasó al otro hombre todo era incierto.
Se escuchó como abrieron la puerta, luego los pasos que se dirigían hacía nosotros, la mujer empezó a llorar.

― ¿Pero por qué lloras mi chava? ―le dijo el hombre y se la llevó.
No supe qué pasó con ella.

Ya sólo quedaba yo temiendo por mi vida, pensando en lo que harían conmigo…


Escucho la ambulancia que se acerca al lugar, y sé que es mi última oportunidad de mirar una vez más el cuerpo torturado en el pavimento y así deleitar mi curiosidad, pero hoy prefiero pasarme de largo y llegar a mi destino, porque no quiero oír el llanto de Esperanza, ni cuando la ambulancia se lleve mis restos.




Jazmín Delgado

jueves, 11 de febrero de 2016

Lunes 15 de Febrero en Palabras Urgentes: Jazmin Delgado

Lunes 15 de Febrero 2016

en vivo a las 17:30 horas por


Estará con nosotros la escritora

Jazmin Delgado

presentando sus textos participantes de la antología:
Suspenso entre mujeres.

"Después de estar fuera por algún tiempo, hoy regreso a casa. Ya sólo me faltan  unas cuantas calles. Miro al cielo tratando de ver la luna pero únicamente están las estrellas —hace mucho que no veo las estrellas ni la luna—. "

Además de nuestras secciones:

Cada quien su boca
Notas Imprescindibles
Escritorpedia

Conduce: Andrés Castuera-MIcher
Palabras Urgentes
Las escritoras y escritores tienen la palabra.

lunes, 5 de octubre de 2015

Montserrat Omaña presenta en "Cada quien su boca" de Palabras Urgentes. (5 / Octubre / 2015)

Montserrat Omaña


MIRADA ASESINA


Caía la noche y yo seguía aturdida, no entendía nada de lo
que pasaba, me sentía perdida. Creía recordar lo ocurrido, sin
embargo, una parte de mí se daba cuenta que no sabía nada.
Oscuridad, era lo único que veía; frío, era lo único que sentía.
Cuando recobré de nuevo la consciencia me di cuenta que
estaba sangrando por un costado, la cabeza me daba vueltas,
mi vestido estaba desgarrado; intenté incorporarme, más todos
mis intentos fueron en vano, no sabía qué hora era, ni siquiera
sabía si llevaba ahí horas o unos días, necesitaba ayuda,
necesitaba entender lo que me había ocurrido. ¿Cómo es que
había llegado a este callejón? ¿Por qué me encontraba en esta
situación en la que mi vida pendía de un hilo? ¿Me habían
intentado asesinar? Esto era evidente, la pregunta correcta era
¿Por qué?
Recapitulé.
Viernes 20 de marzo de 1891. En el momento en el que
comenzaba el día, comenzaban mis labores, desayuno, clases
de piano, tertulias con los generales amigos y compañeros de
mi padre, entre otras muchas cosas a las que no les encontraba
sentido.
Siempre he creído que nací en la época equivocada.
Mi voz es inexistente en la sociedad. Mis opiniones se
tienen que limitar a temas como la casa, la jardinería, la familia,
no se me permite entablar conversaciones sobre política o
economía con nadie y mucho menos intentar dar un punto de
vista frente a los hombres. Mi educación es primordialmente
para hacer feliz a un marido que estoy próxima a tener y el cual
no deseo tener a pesar de saber desde niña cual sería mi
destino, he estado negada a aceptarlo. Con el paso de los años
me he dado cuenta de muchas cosas y entre ellas no deja de
cruzar por mi mente que no vine al mundo para atender a un
hombre al que seguramente no estaré ni cerca de amar.
“Amor” ¿realmente existe ese sentimiento? Cada que
mencionaba el tema con mi madre, ella se reía, me decía que
eso no importaba, que lo único que debía de preocuparme era
que ella se encargaría de conseguirme un matrimonio adecuado
que me beneficiara a mí y a parte a mi familia. También decía
que con el paso del tiempo me iría enamorando de él y
dejaría de ver todas mis obligaciones hacia él como eso y que
aprendería a disfrutar todos los quehaceres diarios y los dejaría
de ver como lo que son y los haría con gusto, pero yo estoy
convencida de que aquello no ocurrirá.
Sinceramente preferiría entregarme a los hábitos antes de
entregar mi dignidad y mi vida a alguien que no valorará ni un
poco todos los sacrificios que me veré obligada a realizar.
Sin embargo, he de confesar que tampoco me gusta
mucho la idea de ser monja. Y es que simplemente no
comprendo por qué no puedo ir a la escuela, aprender, tener
acceso a todos esos conocimientos que solo los varones
pueden obtener.
O me equivoqué de época o me equivoqué de sexo,
porque simplemente no encajo en ningún lugar.
Recuerdo que tenía miedo, al día siguiente era mi
cumpleaños, cumplía 15 años y mis padres darían una fiesta en
mi honor, era mi presentación ante la sociedad, para mí era
como un bufé de solteros para que mis padres escogieran al
mejor postor. Según mi madre quiso esperar hasta este
cumpleaños para cerciorarse de que yo estoy completamente
preparada para este gran paso.
Me llevaron al centro a buscar listones, yo iba
desanimada, pensando en todo y en nada, cuando de pronto, lo
vi. El mozo más galante que había visto hasta el momento. De
pronto realicé que había soltado los listones que llevaba en las
manos y volaban justo hacia él, que vergüenza tenía.
—¡Ay muchacha, si serás distraída! —escuché que gritaba
mi ama mientras yo corría tras los listones.
Él se percató de lo que había ocurrido y se apresuró a
recogerlos del piso. Esbozó una sonrisa tan maravillosa que yo
creí que estaba soñando. Era alto, bien parecido, cabello chino
negro, tez blanca, pecas, ojos verdes y expresivos con unas
pestañas que cualquier mujer amaría tener, nariz perfecta y la
sonrisa de lado más hermosa que había visto hasta entonces.
—Buenas tardes, dijo, creo que esto le pertenece.
—Eh… Ah, sí, muchas gracias —balbuceé.
Al momento en que extendí la mano para recibirlos, él la
alejó.
—Mi nombre es Nicolás, sería un honor conocer su
nombre.
¿Mi nombre? ¿Cuál es mi nombre? Los nervios hicieron
que lo olvidara.
—Es… ah… Renata. Mi nombre es Renata, mucho gusto
Nicolás.
Le ofrecí nuevamente mi mano, él la tomó entre sus dos
manos y la besó, en ese momento sentí no sólo mariposas en el
estómago, sentí como si toda una manada de elefantes huyera
de su depredador dentro de mí. En ese momento llegó a mi
lado mi ama, farfullando un sinfín de cosas que no logré
comprender del todo y de mi boca salió un triste “hasta luego”
y una mirada que le rogaba que no me dejara ir, Nicolás esbozó
de nuevo esa sonrisa tan hermosa, hizo una reverencia y
nuestras miradas parecían pedir lo mismo, pero ninguno logró
hacer algo para detenernos, ni una palabra más salió de
nuestras bocas, absolutamente nada pasó, pero todo había
pasado.
Llegamos a la hacienda y mi ama seguía diciendo cosas
sobre ese encuentro casual que tuve con el amor, abriéndome
los ojos y demostrándome que aquella magia en la que yo no
creía era real; justo cuando iba a subir por las escaleras, entendí
que era todo aquello que mi ama no dejaba de repetir, decía
que si no me daba prisa y estaba lista antes de la hora indicada,
le iba a contar a mi madre lo que había sucedido aquella tarde y
prometió que no descansaría hasta que tuviera la reprimenda
adecuada, ya que ese tipo de encuentros no están permitidos
para una señorita como yo.
Subí corriendo las escaleras, tenía que estar lista en un
santiamén. Todos empezarían a llegar en cualquier momento y
mi madre también empezaría a revolotear sobre mí diciéndome
todas las cosas que me faltaban por hacer y a presionarme más
de lo que ya me estaba presionando mi ama e incluso yo
misma, no quería que algo arruinara la maravillosa tarde que
había tenido.
Estuve lista en el salón a la hora indicada, mi madre, mi
ama y yo llegamos al mismo tiempo desde diferentes lugares de
la casa, la gente comenzaría a llegar y todas teníamos que estar
presentes.
Perdí la cuenta de cuantos vestidos había saludado y había
entablado una charla amena pero sin sentido, también perdí la
cuenta de con cuantos trajes había bailado, yo ya no podía
pensar en alguien o algo más que Nicolás, pero sabía que si
mencionaba el tema con mi madre, si le decía con quien quería
pasar el resto de mis días se iba a oponer por no saber de
dónde venía. ¿Por qué el dinero y la posición social son lo que
más importan? ¿Qué importa si no es hijo de algún
“científico”? Sabía que la situación económica del país no era la
mejor, que eran años difíciles, pero ¿acaso eso le da derecho a
los padres a vender así como si nada a sus hijas?
Mi madre me presentó al hijo mayor de un general muy
amigo del mismo Porfirio Díaz, era muy galante, lo admito,
pero creo que ya nadie me iba a poder quitar el aliento.
Estábamos a la mitad de una pieza, cuando de pronto, sentí
que el corazón se me congelaba, las manos me temblaban y las
piernas me fallaron. Era Nicolás acompañado de mi madre. De
nuevo me pregunté si aquello era real o estaba soñando. Era
tan real como que yo acababa de pisar al joven con el que bailaba y su única reacción fue fingir una amigable risotada.
De un momento a otro, me encontraba bailando con
Nicolás, quería hacerle una gran cantidad de preguntas, pero
este no era el momento adecuado, al término de la balada
salimos al jardín a dar un pequeño paseo antes de que
descubrieran que no estaba en el salón.
—¿Qué haces aquí? —le pregunté dejando de lado mi
educación.
—Bonita forma de empezar una buena conversación con
tu futuro esposo.
Me quedé perpleja y sin habla ¿Qué acababa de decirme?
—¿Qué? —le pregunté un tanto más rudo de lo que había
planeado
—Tranquila, dijo emitiendo una pequeña risa, hasta antes
de esta tarde yo no creía en el amor, mucho menos en el amor
a primera vista, creía que todo era mentira, un cuento que no
se lee a diario en la vida cotidiana de las personas, pero hoy…
No sé, te vi desde mucho antes de que notaras mi presencia y
al verte supe que eres única, me di cuenta de que no eres como
las demás mujeres, ibas con un aire distraído y soñador, pero
no soñabas con las cosas típicas, había algo en tu mirada que
me decía que eres especial, que tal vez te encuentres tan rota
como yo, que tal vez eso de las almas gemelas no sea una
mentira como todo lo demás. Intenté acercarme, pero estaba
helado y fue cuando el destino quiso que nos conociéramos,
fue cuando esos listones que llevas en el cabello llegaron a mis
manos y tú corrías tras ellos. De nuevo esa mirada, esa mirada
me dijo que te pasó justo como a mí, y sé bien que cuando te
miro directo a los ojos pareciera que tu corazón se quisiera salir
de tu pecho, lo sé porque a mí me pasa exactamente igual, no
puedo con tu mirada y si eso causa una mirada no me imagino
lo que provocaría en mí un beso tuyo. Y para mí, esto es amor
de verdad. No necesito seguir buscando algo que creía que
jamás iba a llegar a mí, porque me encontró y no pienso
perderlo. Seamos bienvenidos al maravilloso mundo de los
enamorados.
Me quedé sin habla, sin respiración y sin nada. ¿Cómo es
que estaba tan seguro de que me pasaba igual? Todo lo que le
pude haber dicho acerca del amor, él ya me lo había dicho.
Cada persona tiene una definición única de ese famoso amor,
pero creo que yo ya no podría encontrar ni siquiera las palabras
para describir lo que mi corazón sentía, es un sentimiento
carente de definición y de razón, pero sé que con él hubiera ido
a donde fuera, como fuera y cuando fuera. Necesitaba estar
cerca de él para estar completa, era una sensación inigualable
que nunca antes había sentido y sabía perfectamente que nunca
iba a volver a sentir.
Al ver que no encontraba las palabras, siguió hablando.
—Pero tenemos un problema, a pesar de que mi padre al
igual que muchos es un importante general, tus padres jamás
aprobarían lo nuestro. Es un secreto a voces que mi padre
pretende una conspiración en contra de Porfirio Díaz, al no ser
algo comprobable todavía me han permitido la entrada aquí,
pero es cuestión de días, eso pasará y lo menos conveniente en
estos momentos es que su hija se case con el hijo de un rebelde
por muy bien posicionado que éste se encuentre. Vámonos.
Escápate conmigo esta noche. Vivamos lo que no se nos
permitirá si hacemos las cosas de la manera correcta. Por favor
no me niegues la oportunidad de ser feliz el resto de mi vida,
no me niegues la oportunidad de enamorarte día con día, no
nos niegues la oportunidad de demostrarle al mundo que el
amor existe. No te prometo que te bajaré el cielo y las estrellas,
pero te prometo que serás la mujer más feliz del mundo a mi
lado, tanto que la misma luna nos mirará con envidia porque
ella jamás será capaz de tener algo tan real como lo nuestro.
Todo esto era demasiado para una noche. Era evidente
que moría de ganas por hacerlo, sin embargo era una decisión
discutible. Como todo, contaba con múltiples pros y contras.
Pero al verle a los ojos lo supe, lo tenía que hacer.
—¿Cuál es el plan? —fue lo único que dije.
Sus ojos relucieron aún más.
—Esta noche, cuando todos se hayan ido y todos estén
dormidos, yo me quedaré, te veré en la puerta del jardín
trasero, no traigas muchas cosas, solo lo verdaderamente
indispensable. Ahora es momento de regresar, baila con todos
los que tu madre te diga, yo no te quitaré los ojos de encima,
luces preciosa cuando no quieres estar cerca de ninguno de los
prospectos que están en busca de tu mano, te veré al rato mi
amada.
Y así fue como pasó, cuando el último de los invitados se
fue, yo me retiré a mis aposentos, en donde aguardé a que la
última puerta se cerrara, metí en una valija unos cuantos
vestidos y unas cuantas cosas realmente indispensables, casi no
pesaba. Sabía que si abría la puerta, la madera iba a crujir y
alguien se despertaría, así que amarré unas cuantas sabanas y
las lancé por el balcón, le pedí a Dios que no permitiera que
me hiciera daño pues mi amado me aguardaba. Logré bajar a
salvo y llegar con Nicolás con éxito. Ahora lo que teníamos
que hacer era alejarnos de ahí lo más pronto posible, para que
cuando mi ama notará mi ausencia, yo ya estuviera a cientos de
kilómetros de ahí.
Nos aguardaba una carroza, llegamos a ella corriendo lo
más rápido que pudimos. Al subirnos le pregunté cuál sería
nuestro destino y al escuchar lo que me contestó un frío helado
recorrió mi espalda. La luna brillaba como si quisiera que
nuestro escape fuera perfecto, guiaba nuestro camino.
—Pobre niña ilusa, siempre en busca del amor, creyendo
lo que un desconocido le dice. ¿Qué tus padres no te
enseñaron nada?
Dicho esto me amarró las manos y antes de que me tapara
la boca le grité que tuviera piedad de mí, que prometía no decir
nada, pero que no me hiciera daño, claro que no hizo caso a
mis suplicas. Recuerdo que lo único que podía hacer era llorar,
nunca en mi vida había llorado tanto y menos en mi
cumpleaños. Estaba destrozada, no entendía por qué las cosas
malas le suceden a gente buena como yo. ¿Qué había hecho
para merecer esto? En todo el camino las únicas palabras que
salieron de la boca de mi captor fueron: “El amor también
duele”. No entendí la razón por la que me dijo eso si
evidentemente el no sentía absolutamente nada de lo que me
había dicho, en cambio yo, tonta e ingenua, aún creía que todo
esto era mentira, aun creía que lo que me había dicho era
verdad y que una parte de mí también lo sentía aunque la otra
estuviera aterrada.
Llegamos a un callejón en el que me empezó a golpear, no
recuerdo bien que dijo, pero sólo decía cosas como que el
amor no existe y que yo no debí de haber creído en él, que le
dolía hacerme estas cosas, pero que yo era la culpable.
Dolor, dolor y más dolor, no conocía el verdadero
significado de esa palabra hasta el momento, entonces me
explicó que la mujer a la que más había amado en el mundo lo
había dejado por otro, habían tenido un duelo en el que él
había perdido y ella, avergonzada de él, lo había abandonado.
Desde entonces se dedica a usar sus encantos para poder matar
“lo que queda de su amor por ella”, según él, soy muy parecida
a ella.
¡Maldita sea mi suerte de parecerme a aquella mujer que
destrozó a éste desdichado! Lo único que quería en ese
momento era que terminara con mi agonía, ya no soportaría un
golpe más.
En ese momento escuché un disparo y sólo hubo
confusión.
Era yo la que sangraba del costado.
—Feliz cumpleaños querida —dijo mientras me besaba la
frente, no pude decirle nada, una lágrima recorrió mi mejilla y
perdí el conocimiento esperando morir en ese momento. No
sabía que el amor pudiera ser tan dañino, no sabía que podía
matar.
Fue en ese momento que recuperé el conocimiento y me
di cuenta de que ya había regresado al presente, había logrado
recordar todo lo sucedido, y ahora, me encuentro tirada en un
callejón esperando que mi vida concluya. La luna,
mostrándome su cara completa y brillante es la única compañía
que tengo, es el único consuelo que me queda. En silencio
espero que al fin la muerte llegue y me abrace con su negro
velo y me lleve al más allá lo más pronto posible. Es una
lástima que todo termine así, tenía planeada una vida e incluso
una muerte completamente diferentes.
Nunca había creído en el amor y mi escepticismo me llevó
a la muerte. ¡Qué sentimiento tan maravilloso a pesar de haber
sido una mentira! No imagino lo magnífico que ha de ser

cuando es real.

®Montserrat Omaña

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Lunes 5 de Octubre en Palabras Urgentes: Montserrat Omaña

presenta este 
Lunes 5 de Octubre

en vivo a las 17:30 horas por


Acústico en vivo con la escritora

Montserrat Omaña



presentando:
Mirada Asesina

"Caía la noche y yo seguía aturdida, no entendía nada de lo
que pasaba, me sentía perdida. Creía recordar lo ocurrido, sin
embargo, una parte de mí se daba cuenta que no sabía nada."

Además de nuestras secciones:

Cada quien su boca
Notas Imprescindibles
Escritorpedia

Conduce: Andrés Castuera-MIcher
Palabras Urgentes
Las escritoras y escritores tienen la palabra.