martes, 24 de abril de 2012

Jueves 26 de Abril en Palabras Urgentes: Mónica Suárez


presenta este Jueves 26 de Abril de 2012
en VIVO a las 17 horas 
por Código DF

www.codigoradio.cultura.df.gob.mx

Es el turno de las palabras urgentes de la poeta

Mónica Suárez


“Los secretos nos abren cajones en el cuerpo:
cajones que cerramos para poder vestirnos
y salir a la calle sin que nadie lo sepa”.


Y nuestro Lavadero Editorial, Con tinta Roja y Notas Imprescindibles, sin olvidar nuestra tradicional Escritorpedia

 Una producción de la Secretaría de Cultura
de la Ciudad de México
a través de Código DF.

conduce Andrés Castuera-Micher

twitter: @purgentes
Facebook: Palabras Urgentes Codigo Df
Correo: palabrasurgentes@gmail.com

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jueves, 19 de abril de 2012

Venancio Neria presenta en Cada quien su boca de Palabras Urgentes


VENANCIO NERIA


¿Por qué volviste a mí?

A la Red de Mujeres que tienen algo para contar.

¿Porqué volviste a mí,
buscando compasión,
sabiendo que en la vida
le estoy poniendo letra
a mi última canción...?
José Alfredo Jiménez

¿Por qué volviste a mí, Atanasio Mancera? Tú, que no sabes quedarte, ¿por qué volviste? Mira, si ya tiré tu camisa y tu paño colorado, y hasta las sábanas que bordé para cuando me fui contigo; si ya no te queda nada, ¿por qué haces que tu caballo tome vereda para esta casa, donde me viniste a dejar hace más de quince años?, dizque con el pretexto de que mi hijo estuviera mejor. Estaba recién parida, de una semana. Nos viniste a entregar con mi madre; y nomás dijiste: “ahí vengo”, pero te estabas yendo; yo lo sabía y no te dije nada, me quedé nomás callada, viendo cómo te ibas. Agarraste como para la Vega y ya no volteaste. Dicen que te vieron entrar en la casa de esa que por “mal nombre” le dicen la “Nalga de Oro”; que no saliste en tres días, y se te oía cantar. Yo, Atanasio, cantaba contigo, como si estuvieras aquí junto, porque te conocía. Sabía lo que estabas diciendo, sabía también que en cada palabra, en cada canción estaba escrito mi nombre; que me llevabas ahí dentro como una marca, y bastaba que cantaras para que pudieras reconocerme.

Te fuiste muy pronto, ya me lo habían dicho; hasta tus besos me lo decían. Pero me encapriché contigo; dejé que me robaras y me llevaras más allá del Atorón, a tu casa. Me metiste a una troje para que allí naciera el hijo que me habías hecho. Nació. Tú como que te enojaste porque ya tenías muchos, los habías andado regando igualito que si fueran pólvora; pueblos colmados habrías levantado con ellos, nomás con haberlo querido. Pero, ¿quién sabe? Yo creo que tú nunca quisiste nada. Por eso se me hace extraño que vengas y traigas toda tu tristeza, a ver qué puedo hacer con ella. A mí, que te esperé tanto tiempo, que me ponía a cantar para que se hiciera de noche. Me asomaba a la calle a ver si venías, y nomás caía el sereno. Todas las noches que te esperé me daba frío, y el frío se me fue metiendo muy hondo.

¿Para qué vuelves ahora si ya no puedo recibirte? Vete, mejor hubieras dejado las cosas como estaban. ¿Para qué vienes a alborotarme, a meterme ansias de ti? Vete a cantar a algún palenque, apuéstale a un gallo giro y emborráchate a mi salud. Vete, Atanasio; aquí ya no te queda nada. Yo que creía que no ibas a volver para hacerme otro cogollo, me he dejado crecer en la matriz, con tu recuerdo, un tumor que me matará cualquier mañana, cuando amanezca.


Anocheció Temprano

Anocheció temprano el día que te enterramos, papá.
Trajimos en una caja de cartón,
                  papel picado y cal en polvo,
para ahuyentar la culpa del lecho de tu encierro.
Te pusimos entre nardos y cuero pitiado,
la congoja que nos consagró el descuido.

Llegamos en manojo a socavar la tierra:
imposible matriz,
capullo,
vientre combo de una madre que no quería reconocerte.
Regamos con tequila y sal la orilla de la fosa.
Tus mujeres hicieron cruces con saliva
en los postigos del tronco que es ahora tu caja.
Qué muerte más hermosa, si no fuera la tuya.

Por las heridas de bala te manaba sahumerio
y el tufo herrumbroso de los besos
que un día
      recogiste entre maizales.
Te vestimos de charro
y te arrojamos puños de tierra
con sangre arrodillada.

¿Qué brotará, Señor, del tepetate, después de esta vigilia?
¿Quién habrá de llenar las noches de este pueblo
del susto de un caballo negro,
que sigue el rastro de una mujer en pos de tus espuelas?

¿Dónde voy a encontrar tus ojos,
hoy que la muerte
canceló los astros que habitan la negrura?

Nunca aprendí a tirar manganas, papá.
No montaré tu dosalbo en una cala de domingo.
No cerraré los desfiles como tú:
sobre azabache y torbellino de banderas.
Nunca cantaré como lo hacías, papá.

Nada de lo que queda se te parece;
sólo subsiste soledumbre
y el rescoldo de los odios de San Dios,
que se ha empozado como a la incuria,
sobre este pueblo
donde nos crece soterrada
la andancia del olvido.

Han venido desde más allá
donde alcanza la mirada,
a comprobar que es cierto;
nadie lo hubiera creído
de no ser porque enterraron sus dedos
donde te dieron bala.

Me seguirás haciendo falta, señor:
arca de alianza entre mi madre y tus pupilas,
torre de amor desbarrancado entre palomas,
águila negra que desciende
   sobre el origen de este nombre
que me puso mi madre intentado detenerte.

Soy yo, el hijo que le hiciste a Antonia;
levántate,
abre los ojos,
te llamo desde el hondo dolor que apuran los cuchillos.
Sacúdete;
di que es mentira el tizón herrumbroso de estas horas,
di que la noche vendrá cantando desde tu boca,
di que son mentira estos nardos que ahogan la esperanza,
dime que sólo estás
durmiendo la mona y la tristeza.

Urge la noche, papá.
Traigo insaciable codicia del fuego de la calle,
pero proclaman que el odio ronda,
que a mi también me cercarán antes que caiga esta luna;
pero si toca,
qué más da, que sea como al destino.
Que venga la muerte abierta de las zancas;
que sea,
pero si es,
que manos de mujer me maten.


    
Trastumbo

- l -
Rabioso entre canícula y tristeza,
te trajeron ayer
sobre una recua de águilas y alondras degolladas.
Vinieron tus mujeres
y te bañaron con r´antho,
con padrenuestros
y con lágrimas que guardaron
para el día de tu regreso.

Te esculcaron el recuerdo,
te trasijaron para intentar toparse en ti,
y costó trabajo
hallar las huellas desbocadas de sus besos,
esparcidas al voleo,
por toda la piel umbrosa
que te dieron las vigilias cabalgadas con furia,
sobre sus ancas de jaurías y brama.

Trajeron hojas de aguacate,
azahares y ruda;
trajeron manzanilla y siempreviva
    para sanar tus ojos.
Te abrieron los parpados a la fuerza.
Sé que hubieras querido guardarte todo,
quedártelo dentro para que nadie lo tocara;
pero ellas vinieron cargadas de ansias y cuestiones
a querer que habitaras
el último desamparo de sus insomnios y velas.

- ll -
Los muleros te miraron, por el monte,
pasar como pasa el espanto;
llorando vinagre,
bebiéndote el aluvión del abandono despeñado.

Dicen que te vieron anancarla,
que la amarraste a ti con festones y pájaros azules;
que saliste a galope, papá,
sobre los rastros que dejó San Dios,
el día que le vinieron el dolor y las arqueadas.
Cuentan que cuando te la robaste iba cargada;
que te aferraste,
sólo porque en sus adentros fue fundada la tristeza.

Te la robaste enrebozada al toque de ánimas,
y las ánimas la atajaron,
le cercaron los atisbos para entregártela,
y ella lloró seca y copiosa,
para adentro,
sabiéndose tuya
desde todas las ventanas abiertas del pueblo.

- lll -
Pero vinieron a encontrarte,
te venadearon camino del jagüey
santiguando la tierra con bala y mentadas.

Tuvieron que abrirte en canal
y desahuciar sus sentidos,
para poder arrancártela.

Yo la habría llamado madre,
con tal de beber de sus pechos
anochecidos borrones de astros diamantados.

Debiste traerla hasta la entraña del monte,
encerrarla entre azadas y machete,
para que nadie pudiera segarte la esperanza.

- IV -
Anoche cuando te trajeron,
hubo que refregarte el descuello
para desenterrar su sangre mezclada con la tuya;
me busqué a mí entre los rescoldos, papá,
y no hallé sino el ahogo que encontraste
en pos de su entresijo.

Esta mañana
quemaron la casa donde naciste;
vinieron desandado tus pasos,
queriendo encontrar ocultas claves
entre las huellas herradas de tu caballo dosalbo.
Hurgaron entre las pacas y sábanas de la finca;
querían saber cómo habías hecho
para inundar de apetito los balcones,
las naguas,
las alcobas prendidas,
y no encontraron nada, sino tu sombra
envuelta en mala sangre y cardizales.

- V -
Después de trastumbar el olvido,
la noche se enciende, papá.
Tú no la preñaste,
pero mis hermanos trajeron su palabra
y me contaron que la criatura que llevaba
tendría tus ojos,
tu estatura
y tu misma sangre.
Pero ya no hagas caso.
Voy por el mariachi;
regreso a acomodarte la mortaja.



®Venancio Neria 


martes, 17 de abril de 2012

Jueves 19 de Abril en Palabras Urgentes: Venancio Neria


presenta este Jueves 19 de Abril de 2012
en VIVO a las 17 horas 
por Código DF

www.codigoradio.cultura.df.gob.mx

Este jueves, toma los micrófonos de Código DF el campeòn reinante del Torneo de Poesía Adversario en el cuadrilàtero: 

Venancio Neria

“Anocheció temprano el día que te enterramos, papá.
Trajimos en una caja de cartón,
                papel picado y cal en polvo,
para ahuyentar la culpa del lecho de tu encierro.
Te pusimos entre nardos y cuero pitiado,
la congoja que nos consagró el descuido.”


Y nuestro Lavadero Editorial, Con tinta Roja y Notas Imprescindibles, sin olvidar nuestra tradicional Escritorpedia


 Una producción de la Secretaría de Cultura
de la Ciudad de México
a través de Código DF.

conduce Andrés Castuera-Micher

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jueves, 12 de abril de 2012

Raciel Rivas presenta en Cada quien su boca, de Palabras Urgentes


RACIEL RIVAS


El regocijo de los pastos


Sobre piedras crujientes corren perros
¡Noche bienaventurada!
¿De dónde aspira la naturaleza su placer?
De ellos, por ahora.

Verdes plumas del jardín
son acariciadas al rodar húmedos los cuerpos,
luego del baño lúdico en el lago negro;
Refugio acuífero donde el olor a urbanidad se olvida
Y se respira la canela del subsuelo.

¡Se revuelcan los mamíferos!
Pocos lo percatan, unos cuantos los señalan.

Dedo artrítico de mando y exclusión:
“Sucios, callejeros, sin dueño ni Dios”

Pero ellos
Empanizados de simpleza,
Ladran melódicamente a carcajadas…

Jauría sonora sin director de orquesta.

Lunáticos,
morenos,
perros gordos,
macilentos.

Sáquense la lengua,
doblen sus falanges, crucen por los aires.
Corran hacia las arenas movedizas…
Que el pellejo les cuelgue como baba: cerveza entre sus fauces.

Rasguen con sus garras la espalda de las piedras
Que truenen con espasmo
entre la lluvia del placer
¡Que nunca pare de llover!
Y si llegase la sequía…
orinen por doquier.


Creí que era indigente

Con botas de tierra seca
camina en busca de la anomalía.
Su piel nos mira, y sus labios describen en susurros
paisajes de territorios adustos.

Ella es sexo negro,
ojos rojos.
Espuma de la noche cae sobre su rostro.

Estira su red para pescar.
Captura monedas;
las besa con los dedos de su mano.
Escupe y ruedan hacia la cloaca:
no saben a dulce.

Mira las pompas de jabón
volando aquí y allá.
Las detesta:
exceden lo dulce.

Con botas de tierra seca
Corre en busca de la lluvia.
Se empapa,
la mojan grandes elefantes
con su trompa de metal.

¡Estornuda en risas!
¡Estornuda en risas!
¡Estornuda en risas!

Me sorprende…
tiene los dientes blancos,
y es capaz de desprenderse de sus botas
con el beso frío de los charcos.




Banquete en el asfalto


¿Quién puede caminar sin costras en los ojos?
Los platillos son cuantiosos
y el vapor que emanan derrite micas,
lagañas plásticas.

El buffet más codiciado, el restorán de la ciudad,
requiere llagas, boletos de acceso,
para devorar manjares, retazos con hueso.

¡Levante la mano! la dama famélica,
que observe el menú del asfalto
virgen de sus pupilas con párpados ornamentados.

Exclame quejumbroso el hombre ciego,
ignorante del rumor y del olor a carne repartida
esparcida en la mesa grisácea del concreto.

Es un vicio rascarse las costras de los ojos.
irritarlas, dejar que sangren, y recibir gozosos
el pútrido alimento.

¿Quién camina desapercibido con costras en los ojos?
¿Quién puede andar en la cocina cotidiana libre de lagañas?
Muchos quieren enchinarse las pestañas,
aparentar miradas en ayunas.
Construir el montaje de sus vidas con un poco de rímel,

Muchos justifican su barbarie
afirmando solo ver, y no saber,
cuánto cuesta de verdad un kilo de carne.












La esquina silvestre.

Tus piernas mudan de piel.
Boas nocturnas
que dejan su pasado en la maleza.

Algunos cazadores quieren comprarlas,
muestran el plomo devaluado de sus triunfos,
y exigen encerrarlas en el cuarto frío
de sus sueños turbios.

Hay quienes intentan seducirlas;
Susurros de una flauta.
Y ceden con la melodía
Sigilosa del placer.
Más la seducción de quieta noche
No es su hybris, su derroche.

Me has visto tras el vaho de mi ventana,
saciar mi fiebre en lo oscuro de mi mente.
Más no dejan su esquina,
Su refugio peleado con honor.

¡Tus piernas cambian de color!
A veces tonalidad de vaca;
De pronto del asfalto: grisáceas.
Me gusta cuando son fosforescentes
y los conductores se detienen
a jugar a la subasta.

Pero me estremezco con otro resplandor,
su color misterio, fundido en los asientos copilotos,
en el paisaje incierto de la madrugada.

Esas anacondas,
que soportan el cuerpo atípico de tus deseos,
me ennoblecen,
me tornan temple,
cuidadoso en el mirar:
Las observo tensas cuando quieren alimento,
l á n g u i d a s d e s p u é s de d e v o r a r.

Noche a noche me pregunto,
inquieto en el silencio,
¡cuándo envolverán mi cuerpo!
¡Comprimirlo!
Asfixiándolo en el pantano caudaloso
De la enfermedad.


No quiero ser un cazador
Mantener la postura…
Solamente, un día cualquiera,
Una noche de desierto,
Aprender a componer contigo
Los gritos silvestres de la locura.




Pronóstico del día.


Surgen invidentes los días:
Luciérnagas ahogadas en el fango.
Úteros terrestres paren rayos de párpados incinerados.

Días coléricos, numéricos, narcóticos.
Diarreicos, insalubres, laborales.
Diacetilmorfina, caudal de carne, río de hemoglobina.

¡Días más, personas menos!
Migas neuronales entre rocas:
bocado de los doce buitres en la hora del cenit.

Alienados marchan días
Devoran plomo y lo rocían en vómito
A las flores del jardín.

¡Lápidas floreadas!

Muchos días, poca gente.
El sol... nostalgia en el poniente.
Largo el silencio, fría lluvia sobre su espalda.


Y las noches, descalzas,
huyen entre espinas de guerra empedernida.
Buscan afanosas un oasis; el espejo de la luna.
La miran, se sumergen en la calma tibia.

Pero amanece…
¡Suena la garganta del gallo A-K47!

¿Buenos días?

Buenos días aquellos que surjan del vientre artístico del ser mundano.

¡Buenos días aquellos que broten de los dedos limpios de la mano!

®Raciel Rivas

lunes, 9 de abril de 2012

Jueves 12 de Abril en Palabras Urgentes: Raciel Rivas


presenta este Jueves 12 de Abril de 2012
en VIVO a las 17 horas 
por Código DF


Es turno de que tome la palabra el poeta
Raciel Rivas
Y las noches, descalzas,
huyen entre espinas de guerra empedernida.
Buscan afanosas un oasis; el espejo de la luna.
La miran, se sumergen en la calma tibia.
Pero amanece…
¡Suena la garganta del gallo A-K47!


Y nuestro Lavadero Editorial, Con tinta Roja y Notas Imprescindibles, sin olvidar nuestra tradicional Escritorpedia

 Una producción de la Secretaría de Cultura
de la Ciudad de México
a través de Código DF.

conduce Andrés Castuera-Micher

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jueves, 5 de abril de 2012

Edwin "Canuto" Roldán, presenta en "Cada quien su boca" de Palabras Urgentes



EDWIN "CANUTO" ROLDÁN





29 de enero

Se dobla el cuarto
La cama se inunda
El piso se va llenando de arena
Se dobla el cuarto la cama se inunda
El piso se va llenando de arena la cama se inunda de cuarto
Se dobla el piso el cuarto se llena de cuarto
Mi cuerpo cae
Cae cae cae
Se hace más pequeño y regordete
Se encogen mis hombros
La garganta gime mientras
El cuarto se dobla y
Se va tragando
Más y más cosas
La pata izquierda de la mesa
La esquina del techo
Una mosca a punto de rebotar de nuevo en el vidrio
Y yo te recuerdo
Casi olvido
Los daños y el rencor de tus palabras
Y abrazo tu memoria
Te digiero hasta que
La espalda se endereza
Bajé por las escaleras de la casa
Me vi caminar con dificultad
Me vi de espaldas
Tranquilo
Caminando lejos de mí
Vi a los maestros perseguirme
A mis amigos escondidos en la trinchera de una escuela
Me vi como mujer
Sentí un clítoris en la garganta
Un clítoris tormentoso
Y una flor glande muy glande
Cerca del ombligo
Y vi a mi amigo
Al hombre junto a mí
Despreciarme
Sentir asco
Mientras me amaba
Mientras las letras del mismo poema
cambiaban de sentido
Leí:
Hay luz en los ojos como lágrimas de tequila
Leí:
Hay luz anudada tres veces en la garganta
Anudada tres veces en la garganta
Tres veces en la garganta
Y desperté sin mi amigo

No tengo nada que decir de mi país

Solo, que una vez
Me enseñaron español
Y aprendí a sentir
Pensar
Leer
Platicar
Y todos me aplaudían
Y luego se callaron
Aprendí otro idioma
El del deseo
Y era un tráfico de sensaciones
Tan violentas
Que entonces me exilié
Y me di cuenta
La ciudad es la frontera
El país es la frontera
Mis manos, también, la frontera
Y la crucé
Y me callaron
¿Qué hago entonces para entendernos?
¿Solo leer?
Si el Sr. Presidente
Me restriega su ironía de gobierno
Me amenaza con sus metáforas gastadas
Me asesina con sus paradojas
Yo les voy a decir:
Su constitución no es mi poema
Mi constitución es el cuerpo
Que tiene otro lenguaje
Y se aprovecha del silencio, como ustedes
Por es digo
Yo soy su público, Sr.
Y si pudiera preguntarle algo a Dios
Esto también sería
¿Tú tienes algo que decirme?
Porque yo soy tu público, Sr.
Aquí estoy para escucharte
En donde la frontera se termina
Aquí está mi escritura
En silencio
En grito
En susurro
Esto es respeto Sr. dejar que nuestras lenguas se toquen
Acariciarnos las ideas
Así que reciban y coman
Este es el cuerpo

Salí de la casa de mi padre

Enojado como para arrebatar abrazos
Y embestir a cualquiera
No se diga amante
Sino a cualquier amigo
Y la muerte era
La sonrisa vertical
De unos labios violados
Con su español silencioso
La del hombre al que enseñaron a hablar
Para quedarse callado
Y escribir
Para encerrarse a leer
Primero un libro
Luego el mundo
Supe entonces que la escritura es un perro
Que ladra y no muerde
Y dejé las jaurías de novelas
Y aprendí a leer animales
Algunos como los dedos
La nariz
El pulmón
Y el hígado
Entonces preferí la lectura
Como sexo oral
Que se siente en el cuerpo
Como trabalenguas
Rompecorazón
Cubrebocas y
Soplanucas
La verdad entonces nunca se asomó entre mis dientes
Siempre fue más de las entrañas
Fermentándose en sus laberintos
Porque pienso con los intestinos
Crezco como un arbusto
Mis ramas
Florecen gotas de luz
Mi lengua
Es un párpado
Semiabierto
Que habla a cuentagotas
Letras en cuerpo tartamudo
Jugar metáforas al aire
Para que nadie las atrape
Solo yo y mi bocota abierta
Alimentando la desidia a la poesía
Escritura parásita
Que te para de puntas
Jala tus dientes
Abre mandíbulas
Y aprieta los dedos
Silencio previo a los golpes
Escritura parásita
Para que nadie los lea
Porque de donde yo vengo
Las cosas no son poemas
Se dicen de frente
O se callan
Porque la boca duele
Es una herida que se hace más profunda
Fuera del cuerpo
La palabra resuena
Tiene que hallar otra boca dónde anidar
Su edad de flor madura
O fruto podrido
O raíz que anuda penetrante



®Edwin Roldán

lunes, 2 de abril de 2012

Jueves 5 de Abril en Palabras Urgentes: Edwin "Canuto" Roldán


presenta este Jueves 29 de Marzo  de 2012
en VIVO a las 17 horas 
por Código DF


Toca el turno a 
Edwin “Canuto” Roldán 
de soltar sus versos más incendiarios
ante los micrófonos de Código DF:

“Mi cuerpo cae / Cae cae cae / Se hace más pequeño y regordete /
Se encogen mis hombros / La garganta gime mientras el cuarto
se dobla y se va tragando más y más cosas…”


Y nuestro Lavadero Editorial, Con tinta Roja y Notas Imprescindibles, sin olvidar nuestra tradicional Escritorpedia

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conduce Andrés Castuera-Micher

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